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Nov 9, 2020

Se ultima la elaboración en la Isla de productos lácteos en un segmento que cobra cada vez más relevancia a escala global.

En algunos países árabes, la leche de camella se considera un regaló de Alá. En Europa, en los últimos años se ha posicionado en el deseado segmento gourmet. Y, en Fuerteventura, está a un paso de convertirse en una realidad la elaboración industrializada de productos lácteos derivados de la leche de camella.

¿Queso de leche de camella en la tierra del queso de cabra? “Es una opción viable”, destaca Marta Garrón, coordinadora del proyecto Camel Milk, una iniciativa que engloba a 14 centros de investigación y empresas de siete países. De esa suerte de consorcio internacional forma parte Oasis Wildlife, que cuenta con la que es considerada la granja camellar más grande de Europa, con unos 400 ejemplares.

En el Archipiélago, el uso de la especie ha evolucionado, desde que llegara a las Islas procedente del continente africano hace unos seiscientos años. Primero fue animal de carga y dedicado a las tareas agrícolas, con un papel no siempre valorado en su justa medida.

“Consideramos la acción del hombre en paisajes tan emblemáticos como La Geria”, en Lanzarote, con sus característicos hoyos de varios metros de profundidad en la ceniza volcánica para cobijar las parras, “pero eso hubiera sido imposible sin la contribución de los camellos”, señala el veterinario Francisco Fabelo.

Con la irrupción del turismo en las Islas, el camello –en puridad, se trata de un dromedario, al tener una sola joroba- se convirtió en un reclamo para los visitantes y las excursiones en una experiencia exótica y casi obligada. Al contrario que en otras zonas con una arraigada presencia de este animal, en las Islas la posibilidad de utilizar la leche de camella no ha sido explotada.

Por comparar, señala Marta Garrón, que es técnico de investigación de productos lácteos y experta del IRTA, el instituto de investigación de la Generalitat de Cataluña, “en Marruecos se usa para todo”. Lo aprovechan como animal de carga y utilizan “la leche, la carne, el pelo o la grasa”. “Es como el cerdo para nosotros, del que se aprovecha todo”, recalca.

A finales de octubre, Fuerteventura acogió unas jornadas de formación, en las que participó Bernard Faye, que está considerado como uno de los grandes expertos mundiales en el camello. Destaca que en la última década se ha percibido, a escala global, “un incremento importante en el interés por la leche de camella, especialmente en  Europa y en Estados Unidos”.

La leche se puede destinar, tanto para el consumo directo o de base de productos fermentados, como el yogur, o para ser transformada en queso. Un hándicap: la camella no es como una vaca, que puede dar 30 litros al día, y ni siquiera como una cabra, que llega hasta los cuatro litros. Una camella da, como mucho, tres litros por jornada. El ordeño tampoco resulta tan sencillo como en otros animales que sí están más acostumbrados.

En la granja de Oasis Wildlife, se seleccionan las camellas que van a estar centradas en la producción de leche, con la finalidad de que produzcan “más cantidad y calidad”. “Lo más importante”, señaló Elena Díaz, responsable de IRTA, en una visita a la granja de Goroy, “es producir buena leche, con animales bien entrenados y primar el bienestar animal”. “De camellos felices podemos obtener la mejor leche”, recalcó.

Para una producción a gran escala, no todo son inconvenientes. Al contrario. Bernard Faye destaca los “beneficios” para la salud de la leche de camella, por sus especiales “propiedades”. Dice que tiene una composición similar a la leche humana y acaba de publicar un estudio sobre sus ventajas. Por sus características, según acreditan diversas investigaciones, puede ser consumida por personas que tengan intolerancia a la lactosa.

Otro elemento importante en la ecuación es la rentabilidad: el precio del litro ronda los 20 euros y, en ciertos mercados y dependiendo de la calidad, por cada litro de leche de camella se puede ingresar unos 60 euros.

“No se trata de una competencia directa con la leche de vaca para un consumo habitual”, resalta Bernard, quien pone el foco en que la leche de camella tiene otro “nicho de mercado”. “Hoy en día”, añade Marta, “el consumidor está muy abierto” a probar otros productos y “se habla mucho de los superalimentos”, aquellos que tienen especiales cualidades nutricionales y beneficios para la salud.

La leche de camella entraría en esa categoría. Es fácil de digerir, posee más vitaminas y tiene menos grasa que la leche de vaca. Además, se trata de una bebida hipocalórica, con 48 kilocalorías por 100 gramos.

Producción inminente

El proyecto Camel Milk, cuyo germen se remonta a hace dos años y cuenta con fondos de la Unión Europea, está previsto que finalice en 2022. “Europa permite la producción industrializada” de leche de camella y, de hecho, “en Holanda hay una granja que la está produciendo y comercializando” y está copando buena parte de ese mercado, resalta Marta Garrón.

En Canarias no se había planteado con anterioridad, de tal manera que en la normativa autonómica no hay referencias. “La iniciativa rompe un poco los esquemas tradicionales”, señala Taishet Fuentes, director general de Ganadería del Gobierno de Canarias, quien subraya que “es una iniciativa que hay que apoyar”.

La intención de Oasis, que está tramitando los oportunos registros sanitarios, es comenzar con las primeras elaboraciones en los primeros meses del próximo año. “El camello es una especie asentada y reconocida en Canarias. Y esta vertiente, la de generar productos lácteos, es una manera también de conservar y potenciar la raza”, insiste Fuentes. “Más allá de los paseos a turistas, procesar y comercializar la leche es muy importante”, recalca.

En el caso de Oasis Wildlife, se cuenta con una “ventaja adicional”, añade Marta Garrón, como lugar de venta directa –“imagínese, por ejemplo, la experiencia que supone poder degustar un helado de leche de camella mientras hace una visita”- y como punto para amplificar información sobre sus características a un público que procede tanto de la Península como de países europeos.

“En Francia se han interesado por montar granjas de camellos y, para quienes me consultan, tengo preparado un programa, con los costes que conlleva el mantenimiento de la granja o los objetivos que se quieran alcanzar, dependiendo del número de animales disponibles. Pero lo primero que digo es: si quieres camellos, tienes que comprar los de Canarias”, sonríe Bernard.

 

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