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» Fuerteventura » Busca a sus muertos en cuevas, cistas… y en el museo de París «

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Nov 12, 2020

Desde finales del siglo XIX, el antropólogo francés René Verneau vino al archipiélago a estudiar los restos de los antiguos canarios y, a su regreso, se llevó «una muestra»

Los investigadores han estado décadas preguntándose dónde están los muertos de los aborígenes de Fuerteventura y escuchando que eran arrojados al mar o devorados por guirres. Ahora un grupo de arqueólogos intenta demostrar que sus huesos siguen bajo tierra en cuevas, cistas, cimas de montañas o en depósitos de museos como el del Hombre de París.

Poco a poco, estudios y excavaciones han ido recomponiendo el puzle del periodo aborigen, aunque su arqueología funeraria continúa siendo una asignatura pendiente que recibe un halo de esperanza cuando resurge de la tierra un cráneo o un trozo de fémur.

La primera excavación de restos humanos aborígenes se produjo en 1979 en la cueva de Villaverde. Allí los trabajos arqueológicos descubrieron los cuerpos de un adulto y un niño; más tarde la travesura de un perro sacó a la luz un fémur en una cueva en el Barranco de Los Canarios donde, tras una excavación, aparecieron cuatro cuerpos, ajuar y restos cerámicos del ritual funerario.

Poco a poco, han ido apareciendo más huesos en la zona de la Tonina, en las cuevas de Huriamen y Caletones…, aunque aún siguen siendo piezas que hacen imposible componer el rompecabezas de la arqueología funeraria.

La arqueóloga y directora de la empresa de arqueología Arenisca, Rosa López, y su equipo se han propuesto avanzar en el rompecabezas y para ello han ideado el proyecto «Los contextos funerarios de Fuerteventura», con financiación de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.

En una entrevista con Efe, López explica que, según las fuentes etnohistóricas, los antiguos pobladores de la isla «se enterraban en cuevas, mirlados y envueltos en piel de cabra como ocurría en Tenerife y Gran Canaria, aunque aquí las condiciones climáticas han hecho que los envoltorios no se hayan conservado, o puestos sobre una cama de piedra cubierta con piel de cabra».

Además, continúa explicando, las fuentes bibliográficas aluden a «cistas y túmulos, unos amontonamientos de piedra que se encuentran por el territorio majorero asociados a yacimientos arqueológicos», aunque hasta ahora «no hemos sabido su funcionalidad concreta ni evidencias arqueológicas de que los mahos se enterraban en túmulos y cistas», aclara.

Junto a las fuentes escritas y las evidencias arqueológicas han convivido relatos de los mayores que aseguraban haber encontrado huesos mientras araban los terrenos o en cuevas en lo alto de las montañas cuando cuidaban las cabras.

De hallazgo casual al contexto

La arqueología funeraria de Fuerteventura se ha dedicado a solventar hallazgos casuales, sin que haya habido hasta ahora un programa de estudio de los espacios funerarios que «permitan estudiar esos contextos, tener una base de datos con los hallazgos encontrados y documentar los huesos que hay repartidos en los museos de Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife y el del Hombre de París», explica la investigadora.

¿Pero por qué hay huesos de los mahos en Francia? La respuesta la da el investigador y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y colaborador del proyecto, Jonathan Santana.

El arqueólogo explica a Efe que, a finales del siglo XIX, principios del XX, el antropólogo francés René Verneau vino al archipiélago a estudiar los restos de los antiguos canarios y, a su regreso, se llevó «una muestra de varias islas, entre ellos algunos de Fuerteventura que fueron almacenados en el Museo del Hombre de París».

Precisamente, los investigadores de Arenisca cifran en 36 el número de restos humanos, entre ellos varios cráneos, depositados en el museo de la capital francesa, procedentes de yacimientos majoreros, la mayoría de ellos de la zona de El Cardón.

El trabajo de Arenisca consistirá en ordenar la información y crear una base de datos en la que aparezcan las referencias orales junto a las zonas donde se han hecho excavaciones y los museos depositarios de restos de tal manera que «se puedan tener todos los yacimientos funerarios de Fuerteventura en un plano», explica la directora de Arenisca.

Sondeos en yacimientos de referencia

También habrá un trabajo de campo con prospecciones por todo el territorio insular y sondeos en los yacimientos más señeros. En total, calculan visitar más de 50 yacimientos funerarios: cuevas, poblados con cistas y túmulos, barrancos y las cimas de las montañas donde también han sido localizados restos óseos humanos.

Entre las visitas, serán parada obligatoria las cuevas cercanas a la montaña sagrada de los mahos: Tindaya o las de La Fortaleza y La Muda, en esta última aún se conserva el topónimo de la iglesia de Los Mahos, los barrancos de La Herradura, Esquinzo, Pecenescal… zonas como la de Tirba o la montaña de El Cardón, «un lugar muy expoliado, aunque constituye un centro simbólico dentro de la población aborigen», aclara López.

Precisamente, muchas de las esperanzas del equipo de arqueólogos están depositadas en El Cardón, un centro cultual con cuevas con altares en piedra, cuya montaña el ingeniero italiano Leonardo Torriani denominó en el XVI «Mahan» en referencia al gigante que en ella habitó hasta que los conquistadores normandos y los indígenas de Lanzarote lo mataron durante la conquista. La leyenda sitúa la sepultura de Mahan en la montaña.

El trabajo de campo también puede aclarar qué función tenía lo que el comisario de Excavaciones Arqueológicas, Sebastián Jiménez Sánchez, denominó «Cementerio de los niños» por la cantidad de pequeñas cistas que identificó en la zona.

López reconoce que la arqueología funeraria en Fuerteventura está «plana y es muy desconocida» y pone como ejemplo de lo contrario a Gran Canaria donde hay 400 dataciones, lo que ha permitido saber que «primero se enterraban en las cimas de las montañas y en cuevas colectivas como las de Guayadeque, luego por cuestiones desconocidas en túmulos y al final del periodo aborigen en cistas».

A su juicio, puede que en Fuerteventura se pueda determinar si las prácticas funerarias y los lugares de enterramiento fueron cambiando a lo largo de 1.500 años de historia, pero hasta que no se hagan dataciones de los restos que aparecen en túmulos cistas y cuevas «no sabremos cómo evoluciona el poblamiento, la practica funeraria y el concepto social del mundo funerario”.

La vida de los mahos

El proyecto cuenta con la colaboración del equipo de investigación Tarha del departamento de Ciencias Históricas de la ULPGC en el marco del proyecto europeo IsoCAN (Aislamiento y evolución en islas oceánicas: la colonización humana de las Islas Canarias), dirigido por Jonathan Santana.

Este explica que la colaboración consistirá en realizar diferentes analíticas para conocer «los modos de vida de los mahos, su dieta, patologías y enfermedades, además de su ADN en colaboración con el laboratorio de Paleogenómica de la Universidad de La Laguna, lo que permitirá «conocer la composición genética de estas poblaciones, su relación con las poblaciones de otras islas canarias y con el norte de África».

Además, Santana comenta que su equipo también se encargará de realizar dataciones de carbono 14 con las que se podrá saber «la antigüedad de los restos, contextualizar los yacimientos arqueológicos y tener una idea de cuándo fueron utilizados».

En el futuro, el proyecto también intentará arrojar más luz sobre el ritual funerario de los mahos y su forma de enterramiento. “Hasta ahora sabemos, sobre todo gracias a la excavación en el barranco de Los Canarios, que los aborígenes de la isla, tal vez, llevaran a cabo la sacralización del lugar del enterramiento con una serie de rituales donde siempre estaba presente el fuego y ahí se iban enterrando generación tras generación», explica Rosa López.

Tal vez, Rosa y su equipo logren dar con los huesos del gigante Mahan al que el sacerdote e historiador José de Viera y Clavijo describe en 1731 como «cierto majorero de una estatura gigantesca».

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