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» Especial Cuba » Impresiones de un encuentro con nuestro Presidente en la FMC » Por Karima Oliva Bello «

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Ago 19, 2021

El Presidente pasó gran parte del tiempo del que tuvo para hablar (porque hablamos más nosotras) explicando lo que significa dirigir un país bloqueado y agredido mediáticamente, a la par que reafirmó lo que ha sido la máxima de esta Revolución siempre, seguir hacia adelante a pesar del bloqueo, no detenerse ante él. Tal como me pasó cuando tuve la posibilidad de intercambiar con la viceministra Johana Odriozola, percibí que gestionar la economía en medio de una guerra como la que vivimos, sin aplicar un paquete de ajuste neoliberal, requiere un esfuerzo y una inventiva tremendos, y es extremadamente complejo. Johana nos contaba: «Es como si se levantaran cada día y dijeran, ¿cómo esta gente sigue respirando? Y ahí donde encuentran un respiradero, lo taponean». El Presidente lo confirmó cuando nos comentaba que acabamos de recibir una importante ayuda en el tema del oxígeno, que tanta falta hace, «pero no diré de dónde viene, porque si lo hago lo bloquean».

Frente a eso, contrasté lo sencillo que es sentarse a escribir con el ánimo de desacreditar, a veces incluso, desde otras latitudes, al margen de cualquier dificultad real, recetarios de lo que debe hacer el Presidente, o este ministro o esta organización o la otra. Requiere de una dosis de arrogancia tremenda. Es bueno opinar, pero un poco de humildad nos vendría bien a todos mientras no cejemos en el ejercicio de la crítica.

Constaté el trabajo encomiable que realizan tantas personas en el día a día para sacar adelante este país, en silencio, mujeres dirigiendo la industria, la Policía, la ciencia, la agricultura, el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, y me percato de la esterilidad de tantos debates en redes sociales que se agotan en quién tiene la razón respecto a un tema u otro, mientras tantas trabajan arduamente en todos los campos, incluyendo el de las Ciencias Sociales, con mucha obra y menos palabras y vanidad.

Hay en Cuba una lucha muy fuerte entre el agobio y la desesperanza que producen tantos años de pasar trabajo por carencias económicas y el deseo de seguir adelante con todo lo justo que ha significado la Revolución. Esa es una expresión dramática de la lucha de clases. Es la resistencia ante la violencia del imperialismo, concretada en avanzar por sobre el terrorismo económico que se nos hace. Y, en definitiva, como dice Ileana Macías, «en mi barrio, si hay comida, a nadie le importa nada más».

Las mujeres cubanas nos hemos emancipado tremendamente. Sin embargo, las lágrimas allí, de algunas, denuncian que esa equidad ha costado ir de frente contra un patriarcado que aún no hemos conseguido desterrar del todo. Las mujeres hemos sido el puntal más importante de la Revolución porque no solo avanzamos hacia toda trinchera en la vanguardia, sino porque lo hicimos sin dejar de sostener las casas de todos en la retaguardia. Esas fueron las palabras que lloró quien coordina una importante comisión de trabajo de la FMC en defensa de la equidad de las mujeres. El Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres tal vez sea una de las políticas públicas más avanzada que se proponga un Estado a nivel mundial en este ámbito.

En Cuba, cualquier mujer sin importar edad, profesión, nivel de ingresos, color de la piel, se siente con el derecho de hablarle sin protocolo alguno a su Presidente. Decirle lo que piensa y siente sin filtro. Eso es raro en un mundo como el que vivimos, en el que la mayoría de los presidentes llegan al poder a representar los intereses de élites intocables.

Allí no vi un candidato más en una jugada clientelista de captura de votos, vi a un hombre seriamente preocupado por captar las ideas y el sentir de todas, para asumir cabalmente su responsabilidad frente al país, con un estilo de dirección colectivo. Para los que están tan preocupados por el diálogo y la democracia, el sistema goza de muy buena salud en ese sentido, sin que deje de tener también importantes retos por delante.

El saber popular ve: sabe diferenciar lo justo de lo que no lo es, porque en ello va la dignidad y la vida. Ileana fue de La Güinera hasta allí, no a tener la razón ni decir la última palabra, ella fue a hablar por su barrio y a pedir por él. Eso es lo sabio y así lo dijo. Estamos ante un estilo de dirección de una vocación de escuchar y servir a un proyecto colectivo, estilo heredado de la escuela de Fidel e inédito en el mundo de hoy.

Este ejercicio de diálogo con diversos sectores de la población, de la máxima dirección de un país, en efecto, su Presidente y, además, Primer Secretario del pcc, hablan de un rasgo del socialismo cubano que tiene mucho que mostrar al mundo en materia de democracia.

Demos testimonio de eso nosotras, porque los medios hegemónicos no lo contarán. Es claro que no eludo en este reconocimiento la conciencia de toda la democracia que falta todavía. Necesitamos estar en espacios así para que el espejismo de la fractura del consenso y la desintegración del tejido social que nos imaginamos en nuestras retóricas no nos impida ver la realidad.

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