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» El sexo no es pecado » El Papa lo dice «

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Sep 27, 2020

Francisco aclara que » el placer viene de Dios »  frente a «una moral santurrona» condenatoria.

Una exposición fotográfica materializa la sensualidad de » El Cantar de los cantares.

El sexo no es pecado. O quizá nunca lo ha sido. El Papa lo aclara: «La Iglesia ha condenado el placer inhumano, bruto, vulgar, pero en cambio siempre ha aceptado el placer humano, sobrio, moral». Así se despacha Francisco con Carlo Petrini, el fundador de Slow Food, el movimiento global que reivindica el buen comer vinculado a un ritmo de vida que huya de las prisas. Y lo hace en un libro entrevista –«Terra Futura. Diálogos con el Papa Francisco sobre ecología– (Giunti Editore), que ya está a la venta en las librerías italianas. Durante sus conversaciones, Jorge Mario Bergoglio tumba el tópico de quienes consideran que la Iglesia ha mortificado el placer.

Es más, defiende que «el placer viene directamente de Dios, no es ni católico ni cristiano ni nada, es simplemente divino». En este instante de su reflexión, vincula alimentación y sexualidad al condenar «una moral santurrona, un moralismo que no tiene sentido y que, en todo caso, puede haber sido, en algún momento, una mala interpretación del mensaje cristiano». Y subraya: «El placer de comer, así como el placer sexual, vienen de Dios».

Así pues, ¿rompe el Papa argentino con la tradición eclesial sobre la cama y sus aledaños? «No es una ocurrencia de Francisco, reconoce la realidad», sentencia la teóloga Cristina Inogés sobre la mirada papal a la cuestión que retoma las reflexiones de Juan Pablo II sobre la llamada «teología del cuerpo». «El sexo es un placer y, todo lo que tiene que ver con el erotismo y los preámbulos es una creación de Dios –aprecia la investigadora– para evitar la violencia en el encuentro íntimo entre hombre y mujer». Eso sí, admite que «a la Iglesia le ha dado siempre mucho miedo hablar de sexo porque se ha visto desde una moral represora, pero no tiene nada que ver con eso. Al igual que hay teologías que han llegado a defender el sexo sin placer solo abierto a la procreación –que es como negar la satisfacción cuando tienes sed y bebes agua–, también hay teólogos que han visto el sexo de forma muy positiva».

En esta línea estaría el francés Jean-Charlier Gerson que, ya en el Medievo «consideraba que cuanto más se fomentara el placer dentro del matrimonio menos buscaría fuera». Pero Inogés va más allá y echa mano de la Biblia: «Realmente el sexo es lo más religioso que puede haber en una relación entre un hombre y una mujer porque es lo que invita a entregarte plenamente a la otra persona con la misma libertad que Dios crea». Y así lo refleja en su obra «El Cantar de los Cantares. Don, compromiso y regalo» (PPC), en el que analiza el libro del Antiguo Testamento que aborda de forma explícita la intimidad sexual de dos amantes. «En algunos foros eclesiales se ha intentado espiritualizar hasta el extremo sus pasajes, pero no conduce a nada. Son un hombre y una mujer que se entregan al placer del amor puro y duro. Es más, en ningún momento se dice que sea el primer amor o el amor de una pareja casada». De ahí que Inogés reivindique su lectura, consciente de que hoy El Cantar «está ninguneado en la liturgia y en el rito del matrimonio solo se ofrece ‘un corta y pega’ que no corresponde con la belleza de sus páginas». «No sé si habría que poner en marcha una pastoral del sexo como tal, pero al menos sí habría que reelaborar una teología moral que vea el sexo de otra manera, naturalizar el sexo», apunta Inogés.

El teólogo y artista Luis Arturo Giménez Alamán lleva diez años rezando con «El Cantar de los Cantares». ¿El resultado? «Cantar de Amor y de Bodas», una exposición fotográfica que ha acogido el Claustro de la Iglesia de San Pedro de Teruel. Una colección de 24 imágenes que buscan materializar la sensualidad de un libro bíblico que para unos habla de la vinculación entre el alma y Jesús, para otros, de la relación Dios-Iglesia, o, simplemente, de dos personas enamoradas. «Hay quien solo verá desnudos, cuando lo que hay es la propia desnudez del alma. He intentado trabajar el erotismo y la sensualidad con un máximo de respeto y delicadeza». Así lo percibió el obispo de Teruel y Albarracín, Antonio Gómez Cantero, que, lejos de llevarse las manos a la cabeza, apadrinó la muestra. «Cuando le presenté el material, no esperaba que se escandalizara. Ahora la idea es mover la exposición por España, son nuevos lenguajes para evangelizar». Por eso, tampoco le chirrían las palabras del Papa: «Más que extrañarme, me quedé gratamente sorprendido. Está muy bien acabar con tabús y recelos ofreciendo una mirada positiva», explica este padre de familia.

Lenguaje del amor

«En los años 60 la población se libera y encuentra que el sexo es uno de los lenguajes de la comunicación del amor y no tiene por qué sujetarse a las reglas establecidas. Descubren que es un bien intrínseco y se empieza a hablar de juego y disfrute, pero sobre todo de intimidad», expone Fernando Vidal, director de la cátedra «Amoris Laetitia» –nombre de la exhortación familiar del Papa– en la Universidad Pontificia Comillas. Para este sociólogo cristiano, en este contexto, «la Iglesia no se encontró preparada para asumirlo porque estaba todavía en el paradigma del control de épocas pasadas y eso hace que muchas de sus recomendaciones todavía hoy sean ignoradas por la inmensa mayoría de los cristianos –se calcula que un 95%–, que tienen una experiencia que difiere de una mirada reglamentista y punitiva». No en vano, como dijo el cardenal de Viena, Christoph Schönborn, en el Sínodo de la Familia, «la Iglesia no debe mirar primero en el dormitorio, sino en el comedor».

«Para el magisterio más oficial el sexo está muy delimitado, como señala el Derecho Canónico, hacia el fin del matrimonio, procreación de la prole y en el bien de la pareja. A veces no se ha insistido lo suficiente en esto último», recuerda, a la vez que defiende que esto no se traduzca en un «todo vale». «El Papa, a través de ‘Amoris laetitia’ y otras intervenciones, nos invita a poner las relaciones bajo el principio del vínculo y las lógicas del amor». «Es curioso en este sentido como, desde la secularización, el mundo feminista sea tan crítico con la Iglesia con el porno y con todas aquellas prácticas que impliquen la deshumanización del sexo», aprecia Vidal.

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