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» Dolores López » Descendiente de Teldenses, cumple 103 años como vecina de Valsequillo «

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Ene 1, 2021

Es abuela de de diez nietos y bisabuela de cuatro biznietos.

La teldense Dolores López Rodríguez, descendiente de Telde, conocida cariñosamente como Lolita, cumplió el pasado 10 de diciembre 103 años. Un aniversario que esta vecina de Valsequillo tuvo que celebrar de manera estrictamente familiar debido a las circunstancias de la pandemia.

Un 103 cumpleaños en tiempos de pandemia

por María Teresa Cabrera

Don Manuel López Talavera, natural  de Caserones (Telde), se enamoró de doña Dolores Rodríguez Martín, en el barrio de La Cantera (Valsequillo), cuando venía a trabajar a la cantera que estaba en dicho barrio al que da su nombre. De esta unión nació el 10 de diciembre de 1917 Dolores López Rodríguez, siendo la cuarta de ocho hermanos, vino a la escuela de doña Mercedes, y de doña Vicenta, donde aprendió a leer, escribir y las cuatro reglas, dada la considerable distancia entre el barrio de La Cantera y Valsequillo casco, la madre que tenía tienda en el barrio del Llano de Conde, le mandaba la verdura a doña Mercedes para que hiciera de comer, y le diera también de comer a la niña que regresaría de vuelta a casa por la tarde, una vez finalizada la jornada escolar. 

Lolita que ha vivido desde la Segunda República todas las vicisitudes políticas, sociales, y culturales transcurrida hasta nuestros días; recuerda como desarrolló su vida en el barrio que la vio nacer: dedicada a la labranza, a las tareas de la casa, y  hacer manualidades con palma y lana; los años que duró la guerra estuvo junto a sus hermanas haciendo calcetines y guantes para mandar al frente, desde la niñez hasta la juventud ayudaron  en diversas tareas  en la finca de doña Segunda Ortega, y de don Francisco Alvarado, al que llamaban “don Paco”. Sus padres iban todos los años a Teror en una camioneta con los vecinos, y cada año llevaban a uno de los hijos porque no cabían todos, de los sermones del mes de mayo, de como vivió las fiestas de San Miguel Arcángel,  para las que su madre que sabía coser y bordar compraba las telas en Telde para hacerle los “estrenos.” Iba a los bailes que se hacían en las casas, y a las descamisadas, así un sin fin de recuerdos y anécdotas que me dieron para escribir la crónica.

En el año 1948 contrajo matrimonio con don Francisco Cabrera Mayor, agricultor y vecino del mismo barrio, tuvieron cuatro hijos. Lolita se dedicaba a las tareas domesticas además de seguir trabajando la palma, y tejiendo la lana. Enviuda en el año 1984 y sigue viviendo  en su casa junto a su hijo soltero, a su hija Mariola, su yerno y sus dos nietos, pero estos deciden irse al año siguiente a Estados Unidos, y su hijo se casa; Lolita se queda viviendo sola durante siete años, pero su avanzada edad y su estado de salud hacen que en el año 1991 se fuera a vivir con la familia formada por su hija Reyes su yerno Francisco, y sus nietos Soraya y Braulio. Es abuela de de diez nietos y bisabuela de cuatro biznietos. 

Su día comienza a las siete de la mañana con el aseo, para luego desayunar una escudilla de leche con gofio y pan bizcochado. Durante la mañana se entretiene haciendo punto, pero ya no se para a contarlos,  sino va haciendo y deshaciendo, ve la televisión,  habitualmente recibía la visita de familiares, amigos, y vecinos, pero desde el confinamiento estas visitas se han restringido y solo comparte su día a día con las personas que convive y con las que ayudan en su cuidado, pero según me cuenta su hija sigue con sus mismos hábitos de tomar  a media mañana un zumo, o un yogur, y su buchito de café que tampoco puede faltar a media tarde.

Las veces que me reuní con ella y con su familia para escribir la crónica que publiqué en Crónicas de Canarias número 14, eran unas tertulias que parecía que nunca iban a tocar a su fin, pues el agradable ambiente que reinaba y la conversación que se ponía cada vez más interesante con todas las anécdotas que me contaba, a las que su hija Reyes o su sobrina Teresa le exclamaban: ¡mamá! ¡tía Lola!  y cuando tal cosa, y de ahí salían otras vivencias, otras anécdotas que contaban al unisono, pues su hija y su sobrina de tanto oírselas contar parecían que las habían vivido en primera persona. 

Este año no pude felicitarla, ni brindar personalmente por su 103 cumpleaños, ya que debido al virus que nos azota tuvo que ser una celebración estrictamente familiar, pero lo importante es que los ha cumplido, cuando muchos mayores nos han dejado a causa de esta pandemia. Lolita sigue irradiando la frescura y la esencia como la flor del almendrero que cubren con su manto nuestros campos en febrero.

Dice Saramago que: «La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad.» Felicidades querida Lolita porque usted todavía no la ha perdido.

María Teresa Cabrera Ortega es cronista oficial de Valsequillo.

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