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» Cuba » Abandonado a su suerte » Por Elias Argudin «

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May 25, 2021

Apenas tuvo lugar el estreno, hace más o menos cuatro o cinco años, el cajero automático instalado en el bodegón, en calle Carlos Núñez, casi esquina Quinta, Aldabó (Boyeros), no quedó dudas de que estaba llamado a ocupar un lugar relevante en la vida de los habitantes de la barriada.

Primero solo fueron los más jóvenes, pero cuando hubo de demostrar que ahorra la caminata de los dos o tres kilómetros a cubrir hasta las dos sucursales bancarias más cercanas, evita las tan largas como  frecuentes colas que sus servicios suscitan, unido al ofrecimiento de operaciones más cómodas, seguras y –como quien dice- al alcance de la mano, hasta los menos avezados en el uso de las nuevas tecnologías se las arreglaron, y ya prácticamente todo el mundo quiso disfrutar de sus beneficios.

En tres palabras: modernidad, síntesis y excelencia. Pero vayamos al grano. Si bien la trinidad no llegó nunca a completarse, en tanto el cajero funcionaba tres días sí y dos no, el “aparato” hacía el regocijo de los vecinos del barrio, la nueva comunidad militar aledaña, y también los combatientes y trabajadores de dos unidades militares, cercanas, quienes sorteaban las intermitencias, y aplaudían la luz, aunque sin dejar de mostrar inconformidad con las manchas.

Ferretería  La Cantera

Calle Salvia  17  Valsequillo Gran Canaria
Horario Lunes a Viernes 07.00 a 17.00   Sábado  07.30  a 13.00
Teléfono  928  570 595  —  605 291 825

Sin embargo, un buen día, más exactamente desde noviembre, el cajero fue abandonado a su suerte y pasó de muy socorrida modernidad a triste adorno, cuya inoperancia crea malestar y molestias, sobre todo en los muchos abuelitos y abuelitas que viven en la comunidad, obligados a largas caminatas y colas interminables, cuando precisan del dinero de sus pensiones, resultado de toda una vida de trabajo.

No pasa un solo un día en que cuatro o cinco vecinos del barrio detengan mi paso para convidarme a alzar voz en defensa del rescate del vilipendiado cajero, y lo hacen con la creencia de que tal vez le extendieron el certificado de defunción, sin hacerlo público, y después que eran muchos quienes habían aprendido a quererle y ahora, cuando en medio de una pandemia (favorecida por colas con aglomeraciones) más hacía falta.

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