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Ene 10, 2022

Correa marcó desde 52 metros para adelantar a un Atleti superado 60′ por el Villarreal.

Pau Torres y Gerard Moreno remontaron.

Kondogbia hizo el 2-2 y fue expulsado.

Fue después de que Oblak arengara a Felipe y a Hermoso por la facilidad con la que el Villarreal se plantaba en su portería, en un córner, que Correa interceptaba un balón de Parejo en el círculo central, levantaba la cabeza y veía: Rulli estaba adelantado. El ‘10’ se frotó la bota derecha y le susurró, antes de golpearla: “Vuela”. Y voló. Rulli iba dando pases hacia atrás mientras miraba arriba y veía como esa pelota llegada de tan lejos, 52 metros, se precipitaba sobre él como cae un meteorito. Boom. El Atleti se arrancaba el dominio total del Villarreal de la mejor manera. Tumbándolo desde el marcador, a los diez minutos.

Porque la solución de Emery a las bajas fue perfecta. Gerard Moreno, solo arriba, era un tormento, siempre entre líneas, aquí, allá, por todo el frente de ataque, y Alberto Moreno resultaba indescifrable: estiraba Estupiñán por la izquierda mientras él se metía por dentro para jugar con libertad. Moi Gómez y Trigueros escudaban. El Villarreal tenía el fútbol, el dominio y el peligro. El Atleti pareció condenado a defenderse desde que pisó la hierba. Un Atleti sin tino en las salidas, sobre ese 4-4-2 que en la primera parte sólo fue un sistema de líneas rotas, de espaldas rotas. Si la meritocracia había sido la noticia en su once (Cunha y no João, la pareja Kondogbia-De Paul sentando a Koke), pronto lo fue su incapacidad para jugar un balón. La reacción del Villarreal al Correazo fue de grande: levantarse, sacudirse el polvo y a correr como si nada. No hay partido que no deje cicatrices y sólo de una manera podían reconstruir los guantes de Rulli: empatando rápido.

El Atleti se abalanzó sobre el descanso como un caminante por el desierto sobre un trago de agua. Lo necesitaba, lo pedía. La pelota le daba calambres. No le duraba; acongojado, baldío. La hierba a los pies de Rulli seguía virgen, sus guantes ya remendados. Koke veía desde el banquillo como Capoué y Parejo le daban una clase de juego a Kondogbia y De Paul.

Reacción del Atlético

El reposo no trajo cambios. Koke y João se levantaron de su asiento, sí, pero sólo para calentar en la banda. La única modificación del Cholo fue un paso hacia dentro de Lemar para dejarle toda la banda a Lodi. Arañó un córner. Y ya. Emery rascaba por los costados mientras Simeone se empeñaba en cerrar por dentro una puerta que, a los pies de Oblak, estaba abierta. Sus guardianes eran Felipe y Hermoso y tienen la contundencia de una pompa de jabón. Alberto Moreno culminó la remontada, tras desmarcarse, descargar en Gerard y lleva a la red su fabuloso pase filtrado. A Felipe le faltó ponerle un café y unas pastas mientras se dirigía a portería. Oblak tocó la pelota para nada, sólo suspense.

De una tacada, Simeone hizo los tres cambios que su equipo le pedía desde hacía un rato. Vrsaljko, Koke y João: el 4-4-2 demolido, el nuevo sistema, con tres centrales y dos carrileros, le dio una velocidad que no había tenido antes. El talento hizo mejor a su equipo. Cinco minutos después, Carrasco ganaba la línea de fondo y encontraba a Correa. Disparó el argentino, repelió Rulli sin blocar y Kondogbia le coló el rechace por debajo del cuerpo. Empate. El Villarreal se desplomó, sin piernas hasta el regreso de Pino. Pero el asedio del Atleti, que perdió a Kondogbia al final (roja), se quedó sin más premio. Los dos entrenadores, con un punto que a ninguno del todo llena.