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Feb 12, 2022

El equipo de Ancelotti, inferior en la primera parte y superior en la segunda, firma un empate en Villarreal.

Bale cumplió como nueve.

Rulli, heroico.

El peor fue el árbitro.

Camino de París el Madrid coleccionó malas y buenas noticias. De las primeras, una cierta propensión a llegar tarde a los partidos, un nuevo recorte en su ventaja y una falta de concreción preocupante en el área. Sigue creando héroes entre los porteros de LaLiga. Esta vez fue Rulli. A cambio, le tranquiliza que Vinicius sigue en modo diabólico, que Militao es una pared y que Bale existe. En Villarreal pudo perder, en la primera mitad, y ganar, en la segunda. Pareció más cerca de lo último en un partido intenso con un solo perdedor: el árbitro.

Quién sabe si fue un gesto torero, una imprudencia temeraria o el síndrome de abstinencia de Benzema. El caso es que Ancelotti acabó poniendo a Bale por eliminación. Perdidas las causas del mercado invernal, los otros nueves y los falsos nueves, decidió que era la hora del casi nueve, aunque llevaba sin jugar un minuto en el Madrid desde agosto y con Gales desde noviembre, aunque ande de mudanza y con la retirada en la cabeza, aunque haya padecido problemas musculares hasta en las pestañas, aunque la afición del Madrid hace ya mucho que se haya bajado de ese tren. Un verdadero tiro al aire, un Viva Cartagena ante el campeón de la Europa League y con el Sevilla en el cogote. Decisiones así solo se toman cuando en el fútbol se ha pasado el Cabo de Hornos en la profesión o se han conquistado tres Copas de Europa y más de veinte títulos. En Ancelotti coincide lo uno y lo otro. Se cargó de razón. Sin deslumbrar, fue el mejor nueve de los que ha probado tras la baja de Benzema. «Cuando le ponga, cumplirá», dijo. Y cumplió.

El arranque de Chukwueze

El partido estaba lleno de contraindicaciones para el Madrid. La más notable, mandar a Marcelo a parar a Chukwueze, jugadores de dos edades y dos velocidades muy diferentes, sin más ayuda (?) que la de Vinicius, más teatral de lo que le conviene. Una tortura anunciada. A los 6′ el nigeriano fue sorteando madridistas aterrorizados hasta dejar un centro al que no acudió nadie. Un aviso sin continuidad inmediata seguido de un doble error arbitral. Vinicius persigue un balón que Albiol creía asegurado por Rulli. Cuando el central presiente que el brasileño puede llegar, alarga el codo y le manda al suelo. Sánchez Martínez no lo ve, aunque lo intuye, porque para el partido para que se atienda a Vinicius. Espera el auxilio del VAR, ese pseudotribunal que unos días es adorno y otras entrometido, que hace la estatua y obvia un penalti claro. Repitió abstención en un planchazo posterior de Asensio a Iborra que se quedó en amarilla y mereció roja. Un error condicionó el otro. A partir de ahí el árbitro perdió el control y el partido se encanalló.

Hasta entonces y también después había estado por encima el Villarreal, un equipo territorial, ordenado y ambicioso lastrado por la falta de un nueve, pero que supo buscar el boquete de Marcelo, por el que Chukwueze se coló hasta que se quedó sin combustible. Lo estropeaba casi todo en el último pase mientras el Madrid, como en Bilbao, aguardaba el desgaste ajeno defendiendo mucho y mal. Este equipo parecía otro al del comienzo de curso, más sin Benzema.

Este remate de Bale golpeó en el larguero tras rozar en el guante de Rulli.

El partido era de un falso lento, Parejo, que se jugó otra roja en un manotazo a Vinicius. Esto consiste en que corran otros, especialmente el balón. Courtois y Rulli dejaron la cosa a cero antes del descanso tras intentos de Alberto Moreno y Bale, respectivamente. Fue la única aparición del galés. Antes, Danjuma había topado con el palo.

Un segundo tiempo blanco

Del vestuario regresó un Madrid infinitamente mejor. A la audacia de Vinicius sumó la profundidad de Asensio, el trabajo de Valverde y una mejor circulación de balón. También lanzó mejores contras. En dos de ellas rondó el gol. El zurdazo de Asensio rozó el larguero, el de Bale lo tocó tras desvío providencial de Rulli. El Villarreal pasó del dominio al calvario, de jugar sin portero a quedar en sus manos, las que evitaron un tanto de Vinicius, en un mano a mano tras gran recuperación de Valverde, y otro de Bale, por no fiarse de su derecha, patología de zurdo de remate.

Jovic mandó esta vaselina al larguero.

El Villarreal dejó de existir, incluso con los cambios, y solo le acercaron al triunfo dos despejes/cesiones extravagantes de Marcelo. Tampoco los que entraron en el Madrid mejoraron a los que se fueron y la cosa quedó en un reparto que no disgustó en exceso a ninguno, aunque Jovic tuvo la victoria en el último instante. También topó con el larguero. Aurier salvó sobre la línea el remate posterior de Nacho. No le quedan muchas salidas al Madrid con tantas cuestas como la de La Cerámica y no le quedan al Villarreal visitantes tan gigantes como los de Ancelotti. Ambos se marcharon seguros de que todo irá a mejor.

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