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Nov 7, 2021

El Atleti desperdicia en el descuento en Mestalla una ventaja de dos goles.

Dos goles de Duro fueron el 3-3. Antes habían marcado Savic en propia, Griezmann, Suárez y Vrsaljko.

Griezmann salía en todas las fotos del partido. La del gol, la de la asistencia, la del confetti cayendo en cada acción. En todas. Pero también en ésta. En esa jugada en la que el árbitro veía falta en un derribo del francés sobre Guedes. Mestalla rugía. Hugo Duro acababa de acercar al Valencia en el marcador, en el minuto 91′, acortando la diferencia que hacía nada parecía definitiva, un 1-3, el final ya ahí. Pero en ese momento, cuando Soto Grado alzó la amarilla ante Griezmann, faltaban apenas dos minutos. Una falta lateral que voló al área de Oblak y Hugo Duro se adelantó en un bosque de hombres para cabezearla a la red. A este Atleti ya le da igual. Felipe que Savic, Hermoso que Giménez.

La vieja solidez sólo está en el museo, al lado de las fotos de Godín. Y por ese agujero se le van los partidos, los puntos, por ese agujero le empató el Valencia. En un partido lleno de giros de guión, como escrito por M. Night Shyamalan. Un 3-3 que caía sobre el Cholo como una difícil derrota.

En realidad los presagios estuvieron ahí desde el inicio, aunque nadie los viera. Porque no había llegado el reloj al cinco y el Atleti podía sentir que jugaba como si no se hubiera terminado Anfield.

Minuto cinco y ya jugaba con un hombre menos. Había chocado Trippier  en carrera con Helder Costa y había caído a plomo, sobre su hombro izquierdo

 Cuando se levantó lo hacía con el brazo en cabestrillo y era Vrsaljko el que ocupaba su lugar en el campo. El partido volvía a ser once contra once, que demasiado cansancio traía ya el Atleti de esos 90′ en dos partidos frente al Liverpool con diez.

 Un Atleti que repetía el once ante el Betis, por eso de lo que funciona es mejor no tocarlo y Simeone apostaba por Correa y no João, por Griezmann moviéndose libre a la espalda de Suárez, por Savic que, haber si con él sí, se acababan las goteras. Enfrente, Bordalás salía con ese Valencia 2.0 que se vio ante el Villarreal.

Un Valencia más abrigado, 4-1-4-1, con todos los centrocampistas que tenía, para alejar a Suárez del área, llenando de hombres los pasillos interiores, que el talento rojilanco no encontrara por dentro un resquicio. Alzar un espejo ante el Cholo siempre ha sido su plan ante el Atleti. Pero con una diferencia de aquel Getafe.

Más blando, sin la presión feroz, su alma cholista.

La marcha de Trippier y el césped alto, lento, fueron las dos únicas noticias que dejó el partido en los primeros veinte minutos. Porque el Atleti llegaba sin convertir en ocasiones su dominio. Foulquier un frontón ante Griezmann, Diakhaby y Alderete dedicado en exclusiva a ser la sombra de Suárez. La hormigonera de Bordalás funcionando a pleno rendimiento. Y con las espinilleras altas. Ni los cambios constantes de juego de De Paul le encontraba, de momento, una grieta.

Un De Paul que saludaba Mestalla cinco años y decenas de tatuajes después. Aquel De Paul que fue suyo y que ya no reconocía en ese hombre omnipresente. De allí se había ido sin gloria ni raíces y el Atleti en esos minutos de nada sólo era él. Con aperturas, con pases, pelea, con su mira telescópica.

Tratando de cambiar la velocidad del juego en ese empacho de balón que Bordalás le regalaba a Simeone. Demasiado arriesgado. Era cuestión de tiempo que el plan le estallara en la cara. Esa blandura. La falta de presión.

Griezmann y Correa tunelaron a la espalda de Guillamón para hacerle al Valencia un sombra aquí-sombra allá. Grizi, primero desorientó a Diakhaby y creó el espacio. Correa, después, se giró para iniciar una nueva jugada, esa en la que dos segundos después la pelota ya viajaba en el pie de Suárez.

Un Suárez que se quitó de encima al guardián, ese Diakhaby que más que defensa es moneda al aire, y disparó toda su pólvora sobre Cillesen. El balón entró en la portería besando la red. 0-1. Bordalás ya con la hormigonera rota. Tan preocupado estaba por frenar al Atleti que le ahogó su propio corsé. Ni una contra, ni una ocasión, ni una nada.

Cuando regresó el partido, otra vez el Atleti con diez mientras un dedo frío recorría la columna del Cholo: Suárez tirado sobre la hierba, con ostensibles gestos de dolor, la mano en la tibia.

El temor a una grave lesión se esfumó cuando regresó al partido. Entraba por un costado mientras ante la portería de Oblak, Guedes cargaba la pierna y disparaba. Oblak rechazó… con tan mala suerte que la pelota rebotó en la cadera de Savic para introducirse en su red. No le dudaría, sin embargo, la sonrisa a Bordalás en el rostro. Ocho minutos tan solo. Ocho minutos de empate. Su Valencia había dejado de regalar la pelota y alrededor de ella, crecía. Pero Griezmann en un chascar de dedos le robaría una pelota a Guillamón y, con ella cosida a la bota, correría hacia Cillessen tatuándole otra cruz en la frente a Diakhaby de camino.

Al llegar al área, se sopló el pie y se sacó la capa. Su zurdazo volaría como teledirigido, en un vuelo perfecto a la red. Y aún le quedaría otro golpe. Porque Griezmann había convertido Mestalla en su jardín. Ya había dado un gol, ya lo había metido, ahora le pondría una pelota a Suárez que, en un remate poco ortodoxo de Vrsaljko, acabaría de nuevo en la red, cinco minutos después.

En inicio no subió al marcador, pero tras pasar por la lupa del VAR, hubo llamada al árbitro. No había ni fuera de juego ni manos. Era legal. Soto Grado lo confirmaba con su silbato tras verlo en la pantalla. 1-3. La sonrisa de Bordalás se había convertido en rictus.

Faltaba media hora, pero el Atleti sólo tenía que saber administrar su ventaja, sin sufrir. Sin que una pelota en el travesaño de Wass le preocupara. Ni esa ocasión que obligó a Oblak a sacar la pelota por bajo. Simeone demoraba sus cambios.

El reloj se iba llenando de minutos de añadido. Y, entonces,casi a la vez que el árbitro sacaba el cartelón, siete, Kondogbia, de flan en Mestalla, esa grada que fue suya y que no le dejó de pitar, convertía una contra a favor, en contra del Valencia. Y gol de Hugo Duro. Minuto 91′. Las pulsaciones se desataron. Mestalla subió la voz. Cada jugada se hacía inosportable.

El Valencia volcado. El Valencia con el ‘y si’ en las botas. Entonces, esa falta. Griezmann y Guedes. Hugo Duro metiendo la cabeza en todas las heridas de este Atleti. Para fervor de Mestalla. ‘El Sexto Sentido’ pero al revés. El Valencia lo parecía, pero no, no estaba muerto.

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