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» Crónica » Ucrania 1 España 0 » España dispara al aire …. » Por Elena J. R. «

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Oct 13, 2020

Un gol de Tsigankov deja helada a la Selección, incapaz de ver portería incluso con Adama y Ansu titulares.

La Roja sigue líder por el tropiezo de Alemania.

España no tiene gol, esa es nuestra cruz desde siempre, y solucionarlo tiene pinta de costar tanto como lo de cambiar el modelo productivo del país.

El turismo es nuestro músculo y el tiqui-taca también, así que no queda otra que seguir buscando cómo resolver esos partidos en los que el rival se cierra y el balón se te atraganta. Frente a Ucrania volvió a ocurrir. Ni siquiera la combinación de Adama Traoré y Ansu Fati en el equipo titular sirvió para encontrar el gol. Ni con esas alas supimos volar en una noche que acabó en derrota y que pudo ser peor si Alemania no hubiera tropezado a la misma hora ante Suiza.

En vísperas del partido ante Suiza, a Luis Enrique le preguntaron si Ansu y Adama podían coincidir en el terreno de juego.

“Claro que pueden jugar juntos, como todos los de esta selección, el problema es que sólo pueden jugar once. No hay jugadores incompatibles, sí que pueden jugar juntos», explicó el seleccionador. Era cuestión de tiempo que ambos jugadores, probablemente la espuma que más ha subido en la Selección en lo que llevamos de Nations League, compartieran ataque. Ayer lo hicieron de inicio con Rodrigo como hilo conductor, ese nueve que no es exactamente un nueve sino un delantero que ofrece lo mejor de sí cayendo a la banda, buscando espacios. El experimento funcionó a las primeras de cambio. En su primer balón, Adama no dudó en encarar a Sobol, que se vio obligado al agarrón. Falta de libro. Parecía avecinarse una noche larga para el lateral izquierdo del Brujas, como así ocurrió.

Pero no cambiaba sólo en sus alas La Roja.

El equipo ofrecía un solo cambio en la zona defensiva respecto al partido disputado en Valdebebas contra Suiza (Reguilón por Gayà), pero cuatro de centro del campo hacia arriba (Rodri, Canales, Adama y Rodrigo).

España fue la única que tocó el balón en los dos primeros minutos sin que Ucrania presionara arriba, con la única pretensión de cerrar espacios atrás.

Fue la táctica a la que se abonaron los pupilos de Shevchenko, obligado a alinear un once de circunstancias ante la plaga de bajas. A la Selección le costaba abrir la lata y no fue hasta el minuto 11 cuando tuvo su primera oportunidad en un cabezazo de Rodrigo que despejó bien a córner Bushchan. Se celebró a lo grande por los aficionados, seguramente temerosos de la actuación del guardameta, quien venía de encajar nueve goles en los dos últimos partidos, ante Francia (7-1) y Alemania (1-2).

Bushchan relevaba al titular, Pyatov, el veterano portero del Shakhtar Donetsk, y mientras que la otra gran ausencia para la selección ucraniana era Malinovsky (sancionado por acumulación de tarjetas), cuya importancia se encargaba de dejar bien clara el rincón estadístico: lideraba hasta ayer el capítulo goleador, el de asistencias o el de faltas recibidas en su selección en los tres partidos disputados de la Nations League. Casi nada.

De Gea era un espectador más, mientras que Merino, quien parece haberse ganado la confianza de Luis Enrique como interior, ejercía como el mejor socio de Rodri. Arriba, Adama y Ansu trataban de sacar provecho a su velocidad en las bandas, pero a uno le costaba más que a otro.

El del Wolverhampton no dudaba en irse hacia el defensor rival, en ensanchar el campo lo más posible, mientras que el azulgrana prefería caer a tierras interiores. Lo que sí sorprendió en él es ser el elegido para sacar los córners o las faltas. En cada jugada de estrategia la bota que lo armaba todo era la de Ansu. A lo Kroos.

Sergio Ramos pedía tranquilidad en la elaboración de juego consciente de lo cerrada de la defensa ucraniana. El de Camas volvió a ser titular, cómo no dirá alguno, y con ello llegó a las 175 internacionalidades, lo que le deja a un partido del récord de Buffon como el futbolista europeo que más veces ha defendido los colores de su selección.

Ramos y Navas disfrutaban de una noche especial pues volvían al césped en el que tan felices fueron en 2012 cuando ganaron la Eurocopa con aquel 4-0 a Italia para enmarcar.

Busquets, el otro héroe de aquel campeonato que aún sigue en la Selección, tuvo que ver desde el banquillo el que hubiera sido su partido número 120 con La Roja.

Ucrania no inquietaba salvo con algún balón largo en el que Yaremchuk corría pero De Gea resolvía al anticiparse y salir fuera del área para abortar el peligro. Mientras, las oportunidades españolas llegaban a cuentagotas, como cuando Rodrigo cedió a Canales, cuyo disparo no encontró puerta. Justo un suspiró después llegó la jugada más polémica del partido, en la que Zubkov cayó al suelo tras una disputa con Navas.

No hay VAR, en la Nations League no lo hay, pero las repeticiones parecen evidenciar un toque del lateral sevillista. Fue entonces cuando más se hizo patente que el partido se jugaba con público, unos 15.000 acudieron al Olímpico de Kiev. Incluso ese abucheo de la grada nos supo a gloria. Es lo más parecido a fútbol real en los últimos tiempos.

Shevchenko se marchó satisfecho al descanso, la táctica daba su fruto y el marcador no se movía. Luis Enrique, sin embargo, reaccionó de inmediato. Ceballos suplió a Merino, seguramente buscando algo más de elaboración en zonas cercanas al área rival. Pero el efecto inicial fue el contrario, porque en esos primeros diez minutos asistimos a la mejor versión de Ucrania. Así que, en el minuto 57, doble cambio para curar el resfriado: Ferran por Fati y Oyarzabal por Rodrigo, con el extremo del City a pierna cambiada, es decir, en la banda izquierda para dejar a Adama en la derecha, donde estaba funcionando. Surtió efecto la renovación porque España se vino arriba, con la mejor versión de Rodrigo, quien remató al palo, y de Ferran, que creaba peligro por la izquierda. Pero justo cuando el acoso era mayor llegó el revés al mentón.

Bushchan sacó en largo, Karavaev cedió a Yarmolenko, quien pasó al hueco y Tsigankov batió a De Gea, que se quedó a media salida. Júbilo en la grada, en esa grada que vuelve al fútbol, y shock para nuestros internacionales, que de ahí al final se las vieron y desearon para marcar gol. Incluso con Ramos de delantero centro. El esfuerzo fue inútil. El gol nos volvió a dar calabazas. De nuevo nuestra cruz.

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