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Ene 8, 2022

Un gol del capitán txuri-urdin devuelve la sonrisa al equipo de Imanol que vuelve a ganar seis jornadas después. Preocupación por la lesión de Isak.

Partido deficiente de un Celta que no fue capaz de tirar entre los tres palos.

Tenía que ser Mikel Oyarzabal. No podía ser otro el que pusiera fin a la extraña mala racha de la Real Sociedad en Liga. No ganaba desde el 7 de noviembre del año pasado, hasta conseguir ganar por la mínima al Celta del Vigo, con un gol, por supuesto, del capitán eibarrés. Ganó el que más lo mereció. Y esto no es una frase hecha, es que si el equipo vigués no realiza ni un solo disparo en todo el partido en los tres palos, si no es capaz de generar ni una sola ocasión clara de gol, es imposible pensar que puede conseguir la victoria en Anoeta. Y la Real sí que quiso el triunfo, porque fue a por él sin miramientos y con argumentos. Dominó territorialmente al Celta, dominó la pelota y dominó las disputas ganándolas prácticamente todas. Por eso parece mentira que acabara sufriendo tanto para llevarse los tres puntos, que no pidiera ganar con más diferencia. La Real fue mejor, liderada por un Oyarzabal que empezó en la izquierda, jugó en el centro y acabó en la derecha. Y en todas las posiciones aportó. Y encima marcó el gol del triunfo. Poco más se le puede pedir. La Real renace ante un Celta que se pareció poco al que ganó hace una semana en el Villamarín. Solo un punto negro en el triunfo, la lesión de Isak. Se marchó cojeando, por el momento sufre un esguince de tobillo, pero hay preocupación y le harán más pruebas. No vaya a ser que romper la mala racha cueste demasiado caro.

Imanol Alguacil sorprendió a todos con la titularidad de Rafael Alcántara, que debutaba contra un Celta en el que llegó a brillar y que llegaba al Reale Arena con el subidón de su último triunfo liguero en el Benito Villlamarin. Puede que su presencia en el once fuera un poco obligada por la baja de última hora de David Silva, porque Imanol había dicho el miércoles que no estaba físicamente ni para 45 minutos. Bueno, pues el brasileño jugó más de esos 45 minutos, cuajando una actuación más que aseada, asociándose bien con sus nuevos compañeros y dejando detalles más que esperanzadores de todo lo que puede llegar a dar a la Real Sociedad, como ese centro desde la izquierda que cerca estuvo Aritz Elustondo de convertir en gol, o su llegada desde la segunda línea para rematar de cabeza y rozar el gol en la segunda parte.

La puesta en escena de Rafinha fue más que interesante. Y contribuyó de manera decisiva al exigido triunfo de una Real Sociedad que fue superior al Celta, aunque no necesitó hacer nada extraordinarios para volver a ganar en Liga, con una primera parte buena y un segundo tiempo aseado le bastó de sobra. Porque el equipo vigués no disparó entre los tres pos en todo el partido. Su problema es que si Iago Aspas no aparece, el Celta no aparece en ataque. Y el Principie de las Bateas estuvo muy bien defendido por Robin Le Normand. Los de Coudet apenas hicieron daño a la defensa de la Real, y encima concedieron demasiadas facilidades en defensa, porque prácticamente todos los centros fueron rematados por los donostiarras. Así es muy complicado asaltar el campo de un equipo como la Real, aunque lleve mucho tiempo sin conocer la victoria y de la sensación de tener más dudas de las que debiera por el juego que muestra en cada partido.

Una vez más, el jugador que nunca le falla y que va camino de convertirse en leyenda, apareció al rescate de su Real. Mikel Oyarzabal rompió el fuera de juego en un balón largo a la espalda de la defensa del Celta, y aunque dudó porque esperó a que el asistente de Cuadra Fernández no levantara el banderín, tuvo la suerte de que su remate parado por Dituro se le quedó franco en el rechace, y a la segunda no falló. El gol del eibarrés vale su peso en oro, porque permite a los realistas reencontrarse con la victoria, de nuevo por la mínima, como todas las que ha conseguido en Liga esta temporada delante de su afición. Aunque parece mentira que la Real no ganara con más holgura y comodidad. Porque llegó a rematar hasta otras once veces sobre la portería de Dituro, algunas convirtiendo en ocasiones muy claras, como los remates de Merino al larguero y Rafinha fuera con todo a favor, y otras entrando en la portería del Celta, como el gol anulado por el VAR de Aritz Elustondo. Están acostumbrados en la grada del Reale Arena a sufrir esta temporada más de la cuenta para ganar, así que la explosión de alegría fue tremenda cuando se pitó el final del partido. Pero lo de sufrir es una forma de hablar, porque aunque el Celta subió líneas en la recta final y apretó algo al final, la realidad es que no tuvo ninguna ocasión clara en todo el partido, más allá de un remate al lateral de la red de Aspas en el descuento. Demasiado poco como para merecer algo. Ganó quien más lo buscó. A veces el fútbol tiene un poco de justicia poética.

 

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