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Mar 13, 2022

El donostiarra da la victoria a una Real que vuelve a estar en Europa contra un Alavés que en la segunda parte hizo méritos como para, al menos, haber empatado.

El derbi vasco entre la Real Sociedad y el Deportivo Alavés se quedó en San Sebastián gracias a un gol de cabeza en la segunda parte de Martín Zubimendi. El centrocampista donostiarra, que salió justo tras el descanso, desniveló la balanza de un derbi muy igualado y diputado, hasta el punto de que el conjunto vitoriano hizo méritos, sobre todo en la segunda mitad, como para al menos haberse llevado un empate. Pero se encontró con un inconmensurable Alex Remiro, que sacó tres manos espectaculares que permitieron a la Real sumar tres puntos fundamentales en la pelea por Europa, puestos que recupera con esta victoria. El Alavés tendrá que seguir remando para salir del descenso, con la esperanza de que la mejoría mostrada en las últimas semanas, y especialmente en este derbi del Reale Arena, al final termine convirtiéndose en victorias.

La Real Sociedad, sin su jugador franquicia, Mikel Oyarzabal, intentaba ser fiel a su estilo, ese estilo que parece haberse puesto en entredicho en las últimas jornadas, pero que Imanol Alguacil no para de defender. Le está costando ponerlo en práctica esta temporada, y contra el Alavés no iba a ser diferente. Aunque por falta de voluntad que no sea. Los babazorros salieron más atinados y de inicio se jugó más a lo que quería Mendilibar que lo que pretendía Imanol. La presión alta y agobiante del Alavés hizo que el partido empezara disputándose en campo de la Real, que era incapaz de sacudirse esa presión y no encontraba líneas de pase claras. Pero los vitorianos no hacían efectiva esa buena salida al partido y poco a poco se desinflaban para permitir meterse en partido a una Real que fue cogiendo mejores sensaciones con balón para llegar con relativo peligro al área de Pacheco con un remate de Isak de tacón y otro de Merino muy flojo a las manos de Pacheco. A partir de ahí, el partido se jugó más a lo que la Real quería, pero apenas había ocasiones de gol claras. El choque llegaba con lógica al descanso sin goles, porque ninguno lo mereció, a pesar del esfuerzo y la intensidad puesta sobre el terreno de juego por todos los protagonistas.

Tras el descanso, el guion apenas cambió. Imanol dejó en el vestuario a Illarramendi para evitar sustos con la amarilla que había visto, y puso sobre el tapete a Martín Zubimendi, que a la postre resultó decisivo al marcar el gol de la victoria. El Alavés quiso dar otro paso adelante saliendo a buscar arriba a la Real, y cuando parecía que mejor le estaba saliendo el plan a Mendilibar, fueron los donostiarras los que cambiaron el ritmo y empezaron a merodear ya con peligro real la portería de Pacheco. Primero fue Portu el que remató desde la derecha, después fue Sorloth el que desperdició una ocasión clarísima. En ambas se toparon con el buen hacer del portero del Alavés. Pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. No estaban los vitorianos acertados en los centros laterales de la Real, y fue Zubimendi quien lo aprovechó al rematar un centro desde la derecha entre una maraña de cabezas. El donostiarra fue el más listo de la clase metiendo la cabeza en la disputa de balón con Laguardia.

El gol parecía cambiar la tónica del partido, que el Alavés se vería obligado a salir a por el empate y la Real podría aprovecharlo a la contra. Pero lo que paso es que los donostiarras dieron un paso atrás de forma alarmante, y los babazorros se lanzaron con todo a por el empate. Mendilibar introdujo a Loum y Jason, y obligaron a Álex Remiro a convertirse en el salvador de una Real que pareció asustarse con su gol y la posibilidad de ganar un derbi que le podía volver a catapultar a la zona europea. Rioja, que también hizo un gran partido, estuvo cerca del gol, luego fue Loum tras varios remates consecutivos, y por último Joselu los que obligaron al portero de Cascante a sacar tres manos providenciales para impedir empatar a un Alavés que estaba haciendo méritos más que suficientes para conseguir, al menos, un punto. La Real intentó responder a esa avalancha al contragolpe, y pudo poner la puntilla al partido con Alexander Sorloth, pero el noruego debe estar enfadado con el gol; porque tuvo un mano a mano clarísimo con todo a su favor que mandó al muñeco cuando Pacheco parecía vencerse. Esa ocasión marrada llevó la incertidumbre hasta el final, pero la defensa realista también mostró su solvencia para desbaratar los envíos largos al final del Alavés.

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