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Ene 2, 2021

Los extremos de un Madrid que recuperó la solidez se repartieron los goles y las asistencias.

Modric volvió a brillar. El Celta no tuvo pegada y perdió por lesión a Aspas.

Lucas, Asensio y viceversa. Los extremos devolvieron la normalidad al Madrid, que ya tiene un diagnóstico a su inestabilidad: se maneja bien ante los equipos que le buscan y pierde el conocimiento con los que le esperan. El Celta es de los primeros. Buen gusto, ciertas pretensiones, jugadores de buen pie, el propósito de no ganar de cualquier manera y muy poco filo si pierde a Aspas. La presa favorita de un Madrid más inteligente que brillante, más sólido que artillero. Si fue tolerante con el Elche, al Celta no le pasó una.

Como la proclama reza que persistir es ganar, hace ya un tiempo que las alineaciones del Madrid son mellizas. También los partidos: el rival allana su morada para robarle pronto y lejos y le ponen a Kroos, el navegador del equipo, un centinela para enfangarle la salida. Así que la cosa queda en un todo o nada. Si funciona esa primera línea de presión, sale cara. Si el Madrid la salva, toca cruz. En medio minuto, en el amanecer del partido, sucedió lo uno y lo otro. Nolito puso a Aspas frente a Courtois con un Madrid desacomodado. La picó el pichichi y superó al portero pero no a Nacho, que a la espalda del belga se había olido la tostada. Y en el retorno, Asensio escapó de la trampa y entregó un envío de terciopelo al segundo poste que cabeceó Lucas Vázquez, analgésico para todo, a la red. Una de esas jugadas en que los extremos se tocan. Uno de eso centros que se canjean por puntos. A Asensio no le gusta demasiado la izquierda, pero por ahí se le adivina un porvenir.

La volea de Carvajal

El Madrid recibió, de salida, dos empujones. El primero es que tomó al Celta como un equipo premium y para esas ocasiones luce pinturas de guerra. Con los de abajo, en cambio, se le caen los párpados. El segundo es que Coudet ha tomado la calle de en medio y la ha convertido en avenida. Ha juntado a los buenos, les ha quitado los complejos y les ha dado la pelota. Un plan estupendo si se la quedan. Si se la quitan, regalan muchos espacios y ofrecen poco repliegue, sálvense Renato Tapia y el que pueda. En definitiva, el paraíso de este Madrid, cuyo principal defecto es la falta de paciencia (y de pericia) para abrir cajas fuertes.

Así marcó Lucas Vázquez el 1-0.

Así, el partido fue transformándose en el sentido que indicaba el marcador, con una permanente propuesta del Celta y su centrocampismo de seda y una espera de gran felino del Madrid. Las expectativas fueron muchas y los resultados, pocos, porque el equipo de Coudet apenas encontró a Aspas, alfa y omega del Celta, al que el fútbol, fuera de Vigo, no se ha tomado muy en serio. Ni siquiera los seleccionadores. Pero es uno de los vips de esta Liga. Y el Madrid no encontró antes del descanso ocasión para meter un segundo zarpazo. Ninguna contra tuvo buen final. Sólo volvió a asustar con una volea de Carvajal, que le ha cogido gusto a la suerte.

La lesión de Aspas

La segunda mitad tuvo un inicio dramático para el Celta. Después de una falta de Nacho, Aspas tuvo que retirarse con la mano en el muslo. Malo que dejara el partido, peor que no sea cosa de un día. Ya se sabe cómo le va al equipo vigués sin él. En un minuto se lo recordó el Madrid. Murillo metió un mal pase, se lo adivinó Modric, que es brocha y pincel, prosa y poesía, y el asunto acabó con Araujo contra cuatro madridistas. Esta vez el pase fue de Lucas y el remate, sencillo, de Asensio. El primer gol puesto del revés.

Con aquello medio resuelto llegó Hazard. El plan, queda claro, es realojarle cuando la casa esté en orden. Ya habrá tiempo de que en orden la ponga él. Ni con él ni sin él perdió el Madrid la aplicación ni el orden. Eso animó a Zidane a abrir un poco la mano con ese fondo de armario que a veces parece un armario sin fondo. Volvió Odegaard, al que se había tragado la tierra, y hasta tuvo algunos minutos Mariano, para descargar la piernas de Benzema. Sin embargo, costará que el francés aumente la dosis de suplentes. La realidad le ha demostrado que no es no sean todos iguales, es que algunos ni se parecen.

 

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