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Oct 23, 2022

Como confeti cayeron sobre Griezmann en el Villamarín los trozos del Excel desmenuzado de esa cláusula que hasta hace nada le enjaulaba. Porque el francés justifica el cholismo. Porque dos años después el francés vuelve a ser eso que fabricó Simeone: su obra maestra del fútbol. Doblete ante el Betis y la vida de siempre en LaLiga. El Atleti, tercero, que el Barça y el Madrid sientan su acecho en la sombra en la nuca si fallan. Un Atleti que fue sobre todo fiel a sí mismo. Un Atleti cholista. Con Griezmann se puede. Con Griezmann todo es posible. Aunque se sufra. Porque en el Villamarín también se sufrió.

El rechinar de las pizarras llenó el Villamarín en cuanto el árbitro pitó el inicio. Pellegrini adelantaba a Carvalho por la falta de Canales. El Cholo le daba las alas a Correa y Saúl. Pero sin volar. Oblak regresaba a la portería alzado sobre su traje más cholista, el 4-4-2, y el resistir como único juego. Enseguida el Betis se abalanzó sobre ello, rascando arriba y tatuando su nombre en el cuero, combinando y jugando a lo que Guido quisiera jugar. Los rojiblancos, abigarrados en su territorio, apretaban las líneas como los dientes en bruxismo. En ataque no existían. Para qué. Su primera parte fue un solo sobrevivir sin balón.

Porque mientras el Betis movía y movía buscando una grieta en el balance defensivo cholista, los del Cholo se convertían en diez Reinildos, impertérritos al amago de baile, que sin Fekir (banco) y Canales lo hacía sin chispa, trastabillándose, sin encontrar resquicio. Era el 18 cuando Pellegrini daba una patada al aire en su banquillo. A su plan acababa de salirle una grieta en la retaguardia: Luiz Felipe caía lesionado, mordisco atrás. Víctor Ruiz, en frío, ocupó su sitio atrás. Pero salvo las travesuras que Griezmann intentaba, nada inquietaba al Atleti. Ninguno de sus compañeros le seguía.

Fue sobre los hombros del francés, cómo no, que el Atleti trató de acercarse a Rui Silva. Griezmann bajaba, subía, buscaba y le arrancaba a Pellegrini la pista de baile que el Betis intentaba plantar. Sin arañar, eso sí. Las ocasiones eran como cometas Halley en la tarde, que se aproximaban a las porterías cada grandes puñados de tiempos. Y muy leves. Y casi como pidiendo perdón. Todos disparos fuera, casi todos sobrevolando la cabeza de Oblak. Pero eso es cholismo. Aguantar. Y robar, correr y matar cuando toque. El Betis trataba de escapar a la somnolencia que el Atleti instauraba, cuando adelantaba sus líneas de presión, a esta hora de siesta, removiéndose para arrancárselas de encima si alcanzaba el área de Oblak. Pero se escapó Iglesias y el portero atrapó en dos tiempos. Pero cuando lo hicieron todos los demás fueron balas de fogueo. Y lo escrito: al aire. O demasiado cruzados. Como esa volea de Grizi después de que Rui Silva le regalara un balón en el saque justo cuando el descanso llegó.

La hora de Griezmann

Cuando empezó la segunda parte, el Atleti se decidió a sudar. Sobre todo porque cuando decidió a despertarse, Reinildo, incomprensible, fallaba un control y el balón quedaba para la carrera de Borja Iglesias en una contra que Luis Henrique llevó a la red. Pero El Panda había empezado a correr en fuera de juego. Anulado. La contestación rojiblanca fue un gol olímpico de Griezmann.

Porque el empeño del Cholo este verano, contra todo y contra todos, se veía recompensando otra tarde más cuando el lanzamiento de córner del francés volaba cerrado hacía Rui Silva. Porque la confianza en el francés siempre tiene premio. La pelota botó por dos veces antes de colarse en la portería sin oposición bética alguna. En su particular catálogo faltaba el gol olímpico. Pero ya no. El Cholo apretaba los puños en su banco. El plan, perfecto otra tarde más. A Pellegrini no le daba el cuello de la camisa otra tarde más ante Simeone, y son nueve ya. Pero el cholismo también es esto: aguantar hasta que aparezca Griezmann. Por cierto, es octubre y ya lleva un gol más que en LaLiga pasada. Y enseguida serían dos.

Porque una combinación de Cunha y Correa acabó en los pies del francés que le coló el balón a Rui Silva entre las piernas. 0-2. El Betis sólo regresó al partido cuando Fekir abandonó el banco. En la primera pelota, una ocasión. En la segunda, agujereó la red rojiblanca con un libre directo teledirigido a la red de un Oblak que pudo hacer más. El Betis se lanzó como un alud sobre el cholismo, sobre un Atleti ya sin Griezmann. Y Álex Moreno estampó un balón en el larguero. Pero el primer principio cholista es saber sufrir. Además de Griezmann, claro.

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