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Mar 10, 2021

El Barça supera en todo al PSG menos en puntería. El equipo blaugrana creó ocasiones como para dar un susto al equipo francés.

El Barça vuelve a irse de Europa, pero a diferencia de la últimas ocasiones, el equipo blaugrana se fue de París con la cabeza alta y dejando un claro mensaje de “señores, hemos vuelto”. Sólo la falta de puntería de los barcelonistas, que fallaron de todo en el área rival y regalaron el penalti de siempre en la propia impidió amenazar con un intento de remontada que se quedó en 1-1, pero que de justicia podía perfectamente haberse puesto 1-3. Pero la cara de susto que se le puso al PSG durante muchos minutos del partido, no se la quita nadie.

Lo que no se le puede negar al Barcelona actual es ilusión. Este equipo vive en una sobredosis de optimismo que seguramente es la compensación a estar tanto tiempo instalado en el derrotismo. Así que el conjunto blaugrana salió al Parque de los Príncipes dispuesto a firmar una ‘beau geste’, esa novela de aventuras que se sitúa la acción de sus protagonistas en la legión francesa. Buscaban los de Koeman un intento de hazaña, de la que ya mirarían las consecuencias al final. Ya se sabe, sin embargo que este tipo de acciones no acaban demasiado bien para los que las protagonizan, que como pasa en la novela, pero a cambio dejan un enorme recuerdo.

Y la puesta en escena del Barcelona en París fue una carga suicida y en toda regla contra el París Saint Germain, que llegó a dar la impresión de verse durante muchos tramos del partido intimidado y sorprendido por el empuje de un equipo catalán que lo hizo todo bien… menos acabar las jugadas.

Dembélé falló clamorosamente con la espada hasta en cinco ocasiones en los primeros 45 minutos. El extremo francés volvió a ser un dolor de muelas jugando a la espalda de los centrales, pero a la hora de culminar, se topó con Keylor. No fue el único culé que atenazó a los franceses, Dest disparó al palo y Messi amenazaba entre lineas.

El planteamiento del Barça por atrevido presentaba un claro punto débil que era la espalda de la defensa, donde Mbappé retaba en superioridad a Mingueza, que lo controló como pudo, pero que pronto se cargó con una amarilla que obligó a Koeman a retirarle del campo a los 36 minuto.

La estrella francesa no brilló como en el Camp Nou y por un momento, convirtió el partido en un especie de concurso entre él y Dembélé, a ver quién era el primero que embocaba.

Pareció que al Barça se le caía encima la casa que con tanto esfuerzo había intentado levantar cuando Icardi cayó en el área y nadie sabía muy bien por qué. La revisión del VAR descubrió un pisotón de Lenglet, que tiene los pies como coladores, de tantas veces que se ha disparado. El penal lo convirtió Mbappé y ahí cualquier otro equipo, y más teniendo en cuenta el resultado de la ida, hubiera tirado la cuchara. El Barça, que sigue con la fe del converso, no lo hizo y lo demostró Messi con un zapatazo descomunal que valía el empate y volvía a hacer creer al Barça y a dudar al PSG.

Pero el guionista del fútbol no pierde jamás la oportunidad de complicar una trama y guardaba un giro de guión inesperado. En el descuento de la primera parte, penalti favorable al Barça que tenía ante sí la oportunidad de dar un paso en su confianza y minar la del rival. Pero Messi, el mismo que acababa de lograr uno de los goles del año, falló desde los once metros.

Tras una primera parte frenética, sin tiempo a parar un momento, la segunda empezó algo más relajada. Con el mismo planteamiento, pero sin tantas ocasiones. Se empezaba a notar el esfuerzo, pero aún el Barça sacó fuerzas para volver a intentar una nueva carga que volvió a dibujar en los rostros de los franceses la cara de susto.

A falta de quince minutos, Koeman, con la sensación del deber cumplido retiró a Dembélé, Pedri y Busquets del terreno de juego y poder volver a casa sin la depresión europea de las últimas campañas y pensar que aún quedan objetivos posibles.

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