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Mar 12, 2022

El nuevo técnico del Granada se estrenó con derrota (0-1) a pesar de que mereció más.

La falta de puntería es alarmante en el conjunto nazarí que está a un sólo punto del descenso.

Los Cármenes sigue sumido en la depresión. Una depresión que se prolonga ya por más de dos meses. Desde 2021 el Granada no gana. Lleva un 2022 para el olvido. Tres puntos de 30, malas sensaciones y desesperación generalizada. Ni la llegada de un nuevo técnico al banquillo, un Rubén Torrecilla que se estrenaba en Primera después de militar en el filial, ni el inicio esperanzador, ni un estadio lleno pudo impedir que el Elche expoliara el templo rojiblanco y hurgada más aún en la herida rojiblanca. Una buena contra que culminó Fidel y el buenhacer de Badía fueron suficientes para que el equipo de Francisco se coloque ya a ocho del descenso y deje atrás a un rival directo. La alarmante falta de puntería y de ideas hunde cada partido más a un Granada que está a un punto del descenso y la semana que viene visita Mendizorrotza donde se juega la vida.

Torrecilla y Francisco se reencontraban en un campo de fútbol, esta vez como rivales. Los que en su día fueron compañeros de equipo en Alicante y Granada 74 se medían con la sombra del descenso acechando a sus nuevos equipos: Granada y Elche. El de Plasencia debutaba con nazarí después de la destitución de Robert Moreno y con el equipo en una situación límite. Nueve jornadas sin ganar y el descenso a sólo tres puntos. El Elche con un colchoncito de xx puntos, llegaba en mejor situación. El debutante quería dar un aire nuevo a los nazaríes. Con tres centrales, dos carrileros, Collado y Milla llevando la manija y Uzuni y Suárez como puntas de lanza. Y, de inicio, no le salió mal el plan. Defendiendo arriba, abriendo con sus carrileros y llegando con peligro pudo marcar en los primeros minutos. Uzuni no llegó al pase de la muerte de Suárez, que se hizo una gran jugada por la derecha, después Badía evitó el gol de Neva con una gran mano tras centro del otro carrilero,  Quini. El meta volvió a aparecer en un mano a mano con Suárez. Sólo se llevaban siete minutos y el Granada parecía otro. Sin embargo, volvía a pecar de uno de los talones de Aquiles de su anterior etapa: la falta de puntería. Y, para más inri, en el minuto diez un centro de Neva lo sacó el Elche que montó una contra de libro para que Pere Milla asistiese a Fidel quien abrió el marcador ante el desconcierto nazarí. Nadie estaba en su sitio, un error en bloque. El gol fue como una jarra de agua fría. El equipo rojiblanca salió como el champagne: primero subió con mucha fuerza y bajó de golpe. Porque aprtir de ahí, el equipo se descentró. Todo lo bueno hecho hasta entonaces desapareció. Sin ideas, espeso, nervioso, impotente… Germán intentaba sacar el balón una y otra vez sin encontrar compañeros, pases largos sin sentido, Uzuni y Suárez corriendo sin cabeza en busca de balones imposibles y Milla y Collado muy tapados. No encontraba el Granada como salir del atolladero y sólo destellos de los medios cuando el balón les llegaba daban algo de luz al equipo. Uzuni tuvo un cabezazo que se fue fuera por poco, Quini un tiro a las nubes en buena posición… el Granada seguía siendo como una escopeta de feria, que por mucho que dispare no encuentra el gol. Mientras, el Elche tenía el partido donde quería y, siempre que podía, hacía daño por las bandas y con Boyé ganando balones largos. No tenía que arriesgar, la sentencia podía llegar en cualquier momento. Y así, con un Granada desesperado, se llegó al descanso.

Tras la reanudación, el Granada salió de nuevo impetuso e intenso. Había que empatar pronto para meterse en el partido. Petrovic y Collado gozaron de dos ocasiones clarísimas que, de nuevo, sacó Badía. Milla lo intentó desde fuera del área sin fortuna. El punto de mira seguía desviado. Torrecilla cambió el dibujo para tener más poder ofensivo con la salida de Machís y Molina para apostar por un 4-4-2. Pero, como en la primera parte, fue efecto champagne: mucha espuma de inicio y poco más. El Elche, además, se encargó de que el conjunto nazarí no pudiera mantener el ritmo con parones, faltas, caídas y acciones de pillo que paralizaron continuamente el partido. El Granada quería, pero no podía. Impotencia sería la mejor definición para un equipo que luchaba, corría, empujaba, pero se atascaba continuamente. Desese perados con el árbitro, los balones largos y la falta de puntería, los de Torrecilla, demás veían como cada llegada ilicitana era sinómino de peligro. Tenían que arriesgar los rojiblancos y eso lo aprovechó el Elche para encontrar más espacios. Pero tampoco estaban muy finos los de Francisco. Ante la desesperación de Los Cármenes, el Elche expolió el templo rojiblanco y mandó a la basura esa famosa frase de «A entrenador nuevo, victoria segura». Quizá inmerecida, pero derrota igual. El Grandaa encadena la friolera de diez partidos sin ganar y sólo tiene un punto con respecto al descenso..

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