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Nov 7, 2020

El argentino empezó en el banquillo, salió en la segunda parte y dominó el partido como quiso.

Marcó de penalti y de jugada. El Betis acabó con 10.

No hizo falta esperar al final del partido para tener la noticia del duelo, la proporcionó Koeman en su alineación titular dejando a Messi en el banquillo en una decisión que a la postre propició una nueva exhibición del argentino, que logró con su aparición en la segunda parte lo que parecía imposible: lograr que Griezmann marcara con una asistencia invisible y decidir por 5-2 un partido fundamental para los de Koeman y dejar claro que un poco de Messi, es muchísimo.

La ausencia de Messi de entrada dibujó un esquema de ataque con Pedri en la izquierda, Dembélé como extremo derecho, Ansu en punta y Griezmann como capitán general de media punta, su puesto preferido.

Y no se puede decir que el francés estuviera mal en su cometido, porque sobre el papel cumplió a la perfección lo que se le ordenó, pero otra cosa fue cuando se tuvo que plasmar en la práctica el plan dibujado.

Lo del acierto del francés de cara a portería tomó tintes de fenómeno paranormal en la primera parte.

Hace tiempo me explicaron que el colmo de la mala puntería era lo que le pasó a un amigo, que quería ir a cazar con los mayores en el pueblo. Antes de sumarse a la partida, su tío le llevó al corral, cogió un conejo, lo ató a un árbol, le dio la escopeta y le ordenó que disparara a un metro del animal. El chaval disparó y acertó a la cuerda. El conejo, aún debe correr por los montes de Soria. Ese parecía Griezmann.

El francés tuvo cinco ocasiones claras para marcar en la primera parte.

Falló la primera en el minuto cinco, pero a diferencia de lo que pasó ante el Dinamo, no se hundió, siguió porfiando y fallando religiosamente.

Incluso desperdició un penalti a los 33 minutos. El primero que para Claudio Bravo en cuatro años.

Sin embargo, alrededor del gafe de Griezmann el Barça construía juego ofensivo. Ansu era un incordio en punta y Dembélé, imprevisible. Capaz de perder los balones más sencillos y de inaugurar el marcador de un castañazo descomunal a los 22 minutos.

Pero si en ataque el Barça producía, en defensa, sufría un boquete preocupante en su banda derecha, donde Tello y Álex Moreno hacían lo que les daba la gana con Sergi Roberto y Dembélé.

Tenían una autopista que acabaron aprovechando en el descuento de la primera parte para que Sanabria empatara un partido que volvió a empezar de cero cuando Messi ingresó en el terreno de juego en el puesto de Ansu Fati.

Y Messi hizo lo que parecía imposible: lograr que Griezmann marcara. Lo hizo dando una asistencia digna de un genio. Sin tocar la pelota demostrando que se puede ser el mejor sin correr y sin necesidad de impactar con el balón. Atrajo a los defensas, evitó el cuero y dejó al francés a portería vacía para que rompiera el malefició del cazador de conejos.

El impacto del argentino en el partido fue definitivo. Diez minutos después de su asistencia invisible a Griezmann, facilitó a Dembélé un disparo que Mandi evitó con el codo en la linea de gol.

Tras revisión de VAR, roja al argelino y nuevo gol desde los once metros para Leo, que fusiló a Bravo.

Pero el boquete de la banda derecha seguía franco para el Betis, que recortó distancia mediante Loren en la enésima internada de Moreno, pero en esta ocasión en el campo Messi, que cerró cualquier debate con un golazo pleno de rabia que liquidaba un partido que selló Pedri el día que se demostró que un poco de Leo es mucho, muchísimo.

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