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» Crónica » Cadiz C. F. 1 Atlético De Madrid 4 » El perdón se pide a goles » Por Alfredito Y Alejandro «

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Nov 28, 2021

Redención rojiblanca tras el desastre ante el Milan. Partidazo de Lemar, que abrió el marcador.

Griezmann, Correa y Cunha redonderaron la noche.

“Nosotros, los indios, somos el Atleti”, que escribía Almudena Grandes y el equipo del Cholo llevó al Nuevo Mirandilla. El Atleti campeón, el Atleti que se levanta y sigue. En Liga, tras el miércoles, el Milan. Con cierto deje poético, porque eran los mismos once los que salían al Nuevo Mirandilla para gritarle al mundo, al fútbol, ese verso de Neruda: “Nosotros, los de entonces, no somos los mismos”. Que esta era otra historia. Que esto era LaLiga. Y que estaban allí para coser con fútbol la herida del miércoles. Pero aún no se habían posado en el partido y ya un susto. Que enfrente, el Cádiz, un equipo que compite y sabe a qué juega. El reloj no llegaba al segundo veinte y Cervera en esa jugada le revelaba ya todas sus intenciones al Cholo: robo y balones a Lozano, robo y contragolpe rápido. El balón lo cedía, el balón no lo quería, el balón era para un Atleti que era el mismo que el del miércoles pero ordenado de otra manera: 4-4-2, con Lemar en la derecha, Carrasco en la izquierda y Llorente y Hermoso en los laterales. Durante media hora taparon el susto con dominio, ocasiones y peligro. Viajaba todo en unas botas, las de ese futbolista, Lemar, apodado Camarón. Respira Cádiz y se crece.

De su botín brotó un pase maradoniano a Carrasco que terminó sacando Haroyan desde el suelo. Fueron minutos en los que el apretujó al Cádiz en su campo, sobre los pinceles de Lemar y a lomos de unos Carrasco y Llorente profundos. Pero no se traducía en ocasiones. La más clara era un balón en la madera de Griezmann que había nacido invalidada.

El Cádiz, mientras, no se inquietaba, seguía a su plan. Robar y correr. Pero sombrero a sombrero, primero Lozano y luego Sobrino, de espuela, se fueron arrancando con arte el dominio. Salvi escapaba al galope para plantarse ante Oblak y soltarle un derechazo que se fue a córner tras tocar en Savic que sonaba a gong. Comenzaron a hacer daño sus internadas en los rojiblancos como antes en los amarillos el juego entre líneas de Lemar. Todo se equilibró, mientras a los del Cholo se les fue poniendo cara de miércoles. Oblak no salía en las fotos del partido, pero tampoco Ledesma. Giménez se iba (mareado tras un golpe en la cabeza en una jugada en el área), se sumaba Felipe y el reloj caminaba al descanso con el Cádiz cada vez más crecido, luchando y ganando balones divididos, sumando juego a sus robos y carreras. Resistiendo fácil, sin necesidad de sudar.

El reposo llegó después de que Simeone viera errar a Suárez, solo ante la portería, fallar lo que Suárez no falla, y un zurdazo de Espino, como réplica, que se iba sólo un palmo fuera. Su equipo previsible, pelín precipitado, con el miércoles flotando su alrededor como la sábana de un fantasma. La herida aún abierta, a falta de goles para coserla.

Pero ahí estaba Lemar, para tirar del hilo. Porque la segunda parte ya empezaba a los pies de los que nunca salían, Ledesma y Oblak, ora Lozano, ora Felipe, dos ocasiones fuera por milímetros, cuando el pequeño camarón volvió a sacar la cabeza. El Cádiz es el equipo que más encaja de cabeza y el francés coló su 1,71 en la portería de Ledesma como una bala directa al corazón. Gol y asistencia de Carrasco. El belga se sumaba al baile. Le ponía el segundo a Lemar tras una carrera endiablada, pero el francés se hacía tortilla en el mano a mano ante Ledesma. Creció durante diez minutos el Cádiz, todos los nervios, de nuevo, atravesados en la boca, el corazón helado, los aires difíciles, inquietando con una volea de Lozano, con un zarpazo de Negredo nada más pisar el campo.

“El Atleti es un equipo literario porque representa valores como la resistencia, la superviviencia y la terquedad”, que escribía Almudena Grandes y expiraba Simeone diez minutos después, expirando todos los clavos guardados en el pecho. Liberado. Mientras sus futbolistas se abrazaban con rabia en el césped. Griezmann acababa de ampliar la ventaja, después de que Lemar dejara pasar un centro desde la derecha de Llorente para que Griezmann, de primeras, lo empalara con la diestra. El Cádiz grogui, no se levantó más del verde. Ni siquiera cuando el Atleti hacía más grande el agujero, tras una jugada rápida, Griezmann-Cunha-Correa, que caía sobre Ledesma como una metralleta.

Y no sería el final, sin embargo, aunque lo pareciera. Porque Cunha sale siempre con hambre, con ganas de más, y respondió fusilando a Ledesma el churrigol de la jornada. Porque fue rocambolesco. Lozano, desde el córner, metió un centro que tocó en Hermoso, voló sobre la portería del esloveno y cayó sobre él… para colarse en su portería. El final, como un recordatorio a Simeone, por si se le olvidaba que esta temporada su defensa a veces es de blandiblú, que Oblak es más mortal que nunca, que su verbo más usado siempre será sufrir.

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