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Feb 20, 2022

Los rojiblancos ganan con contundencia en El Sadar.

El gol de João, en el 3′, dio la tranquilidad.

Suárez marcó desde 38,5 metros.

Correa cerró. Sin regreso de Griezmann.

Cuando despertó, el Atleti lo hacía con una botella de oxígeno cogida fuerte en la mano. Esa que le daba el marcador de El Sadar. Ese 0-3 ante Osasuna. Un Osasuna que había saltado abrazado al «lo que funciona no se toca», los mismos once que ganaron 0-3 al Rayo. El Atleti, todo lo contrario: cinco cambios y a rezar. Simeone agitaba pizarra después del Levante, Carrasco de vuelta, Llorente en su sitio, Herrera en el centro, João y Suárez arriba, Correa y Griezmann esperando desde el banquillo. No había comenzado el partido y, para el Cholo, ya una mala noticia: sexto en la tabla, el Villarreal por delante.

De ahí el gesto con el que compareció. Nada de jugar con el reloj, de dejar pasar minutos. Al segundo minuto, un córner. Al tercero, otro. Y el gol. Porque João celebraba su partido cien rojiblanco con la ambición de convertir palabras en hechos. Pero es que João respira El Sadar y aprieta el gatillo. Cuatro goles llevaba allí hasta ayer. Cinco fueron después de ese saque de esquina de Carrasco: Suárez distrajo y Herrera despejó horrible. La pelota le cayó como del cielo al portugués que, solo y a placer, al fondo de la red envió

Tomó aire el Cholo a pesar de lo que, ante sus ojos, nada más adelantarse, a su equipo le sucedió. Menguó, se refugió en su campo, dejándole los metros y el balón a un Osasuna dibujado 4-1-4-1 con Budimir como 9 y el Chimy en la banda. Se apagó el mando rojiblanco, saciado, de momento, con ese 0-1. El árbitro no veía un manotazo de Vrsaljko a David García en el área. El dominio era rojillo, el juego rojiblanco, la yenka, los pasos atrás. Dos balas silbaron rondando la madera de Oblak en esos minutos. David García por arriba, Rubén García por el lateral de la red.

Fue después del último que despertó de nuevo el Atleti. El balón dejó de durarle lo que un caramelo en la mano de un niño. No era un desastre, lo del Levante, la infamia. Pero, ahora, si el gol de João había calmado los nervios, Herrera le cambiaría el gesto. Ayudas a Koke, libertad a Llorente en su subir y bajar. El 4-4-2 inicial había mutado a 5-3-2, el mexicano era el orden y el juego, la tranquilidad. Sin dejar que Osasuna agobiara, acabó con las balas a Oblak. Mientras, João trataba de escapar al freno de cada partido. Las patadas al tobillo, las faltas y tarascadas con tan poco castigo: al descanso, sólo el Chimy amarilla. Antes del descanso, un córner rematado por Budimir, Moncayola desviaba al palo. Lo siguiente fue un milagro de Oblak, una parada de pecho. El descanso llegó con Osasuna apretando pero el Atleti mirando la madera y pensando que, quizá, ha cambiado su suerte.

No había comenzado la segunda parte y, para el Cholo, sin embargo, ya otra mala noticia: Felipe por Giménez. Sobre la hierba sólo pasaban los minutos y esas faltas sobre João que, a veces, mientras alza los brazos y protesta, le desconectan. El juego sólo invitaba a la siesta hasta que el otro delantero del Cholo sacó la pistola. Los años esta vez fueron viento a favor. João Félix le sirvió una pelota deliciosa, envuelta en todo su talento, para la contra. A Suárez no le hizo falta ni controlarla. Alzó los ojos, vio 38,5 metros de hierba por delante y a dos rivales que sus piernas ya no pueden esquivar a la carrera. También vio a Herrera, el portero, cazando mariposas. Calculó fuerza, distancia. Nada más golpear, con la zurda, supo el final de esa pelota: golazo. Lo contaban las manos de asombro del Cholo desde su sitio.

La reacción de Arrasate fue un triple cambio y el 4-4-2. Kike se deja notar nada más pisar la hierba con un disparo potente sobre Oblak. El portero embolsó. Osasuna apretaría los últimos veinte minutos con un constante balones al área. Pero ahí estaba Reinildo, soldado del Cholo, de los de antes, fuerte, duro, el orden en una defensa que no fue verbena. Resistió el Atleti, recuperada parte del alma que parecía perdida hace tres días. Sin encajar, sin necesidad de sacar siquiera a Griezmann, con el siempre sumar de Javi Serrano. Con el broche que le puso Correa. Despertando a tiempo, quizá. Justo antes del United. Y en los puestos de Champions.

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