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Feb 12, 2022

El central, igual que contra el Valencia, le da la victoria al Atlético tras un partido loco.

Seis goles en la primera mitad, dos remontadas y expulsión a Felipe.

Cuando De Burgos Bengoetxea iba a pitar el descanso, el Metropolitano era el camarote de los Hermanos Marx. Minuto 48, consumidos tres de los siete añadidos y más cosas no podían haber pasado. Cinco goles, un penalti fallado, dos convertidos, el Atleti por delante primero y remontado en diez minutos entre golpazos, amarillas y la afición rojiblanca con la pastilla azul deshaciéndose en su boca. Para olvidar. El Atleti del Cholo que fue y que ya no es, tan frágil, endeble, tan fácil de enviar a la lona.

Y eso que había dado la cara en los primeros veinte minutos de un partido que comenzaron con ovación al hombre del banquillo rival. Era Quique, la simiente de todo lo que después creció con el Cholo, el infinito. Salió su Getafe con el camino marcado, apuntando al talón que desangra a este Atleti: el temblor en cada balón parado. Lo buscó con un falta al minuto, con un córner al minuto y medio. Era el tres y la intensidad del Getafe derretía a un Atleti que buscaba huir de sus últimas fotos aupado sobre el 4-4-2, seis cambios con respecto al Camp Nou y una defensa inédita.

Porque regresaba Llorente, al equipo y al lateral. Porque era Felipe el que estaba al lado de Savic. Porque Reinildo era titular por primera vez para que sus botas cegaran tanto escape, como cegaban en Francia. Arriba, Suárez. Un Suárez que buscó la pierna de Soria en el área, en un balón filtrado por Lemar y encontró un penalti. La manopla de Soria impidió que subiera al marcador al repeler, magistral, con el guante duro por bajo, su remate ajustadísimo al palo. Justicia de fútbol. La locura daba comienzo.

A un lado, arrancadas de Ünal. Al otro, Koke convertido en tercer central para sacar el balón y dejar la banda completa a las carreras de Llorente. Sus carreras le dan profundidad y sentido, acompañan como nadie el baile de Correa, todo calle, que todo lo llena desde hace más de un año. En el 19’ apareció como un obus por detrás para rematar una dejada de Suárez y llevar el 1-0 al marcador. Ocho minutos más tarde, celebraba Cunha, al empujar un centro del Llorente al segundo palo que Mitrovic no supo despejar. Respiraba el Cholo. El pecho inflamado de tanto aire cogido en esos 27 minutos. 2-0. Pero el Getafe no lo acusó. Un Getafe crecido sobre el orden defensivo y al ataque, sobre las piernas de Ünal hacia ese camino marcado: la extrema fragilidad del Atleti. Y no se equivocaba Quique. Todo lo logrado en 27 minutos tardó poco más de diez en estropearlo.

Mayoral reanimó a los fantasmas al rematar esa volea de Jankto que pasó por todos. Oblak, a la primera, ya vencido. A la segunda también. Mano de Cunha en el área, silbato del árbitro, Ünal que engaña por completo al portero y empate. En el minuto 37. En el 42, la misma película. Mano de Lemar, revisión del VAR, aviso al árbitro: es dentro del área, es penalti. Ünal desde el mismo punto otra vez ante Oblak. Su disparo secó fue como una bala al corazón del Metropolitano. 2-3. La pastilla azul a la boca, el camarote de los hermanos Marx y ese futbolista de nuevo en la escena: porque más cosas aún podían pasar y Correa, hacía de cabeza el 3-3 para que, cuando De Burgos Bengoetexea pitaba al final el descanso, el partido no podía ser más loco. Un Atleti-Getafe al descanso con seis goles. Hace dos años hubiera sonado a distopía.

La segunda fue más calmada. El Atleti con el dominio y las intenciones hasta que Felipe sacó la patita. Y cada vez que lo hace, suena música de thriller en el banquillo del Cholo. Siempre acelerado, siempre brusco. Ayer también. Su patada por la espalda a Arambarri fue como un machetazo. Roja. Simeone se guareció a la espera del error rival. Quique sentó a Mitrovic, sacó más pólvora (Mata). Su equipo tenía más hombres, once frente a diez, el control, le faltaba profundidad. Pero cuando el reloj se iba al 90’, el aire se llenó de electricidad. Esa que el Metropolitano ya respiró ante el Valencia, con un gol brotado de los cambios del Cholo, tres jugadores del banquillo: João Félix llegaba forzado a un balón de De Paul y Hermoso, en un remate acrobático, introducía en 49.375 gargantas la pastilla roja. Gol. El Metropolitano en volandas. Esa verdad llenándolo todo, que nadie sabe ganar como el Atleti, que ningún equipo del mundo podría hacerlo más épico, más difícil, más enrevesado, tan, tan locamente Hermoso.

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