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Oct 31, 2021

El Atlético vence ante un Betis deshecho como un azucarillo en el Wanda Metropolitano.

Carrasco, Pezzella en propia meta y João Félix, autores de los goles.

Al Betis de Pellegrini se lo llevó por delante un aguacero. Pero no esa lluvia, densa e incansable, ajena al ruido y al dolor, que cayó durante todo el partido en Madrid. Fue otra, aún más punzante: la que salía de las botas rojiblancas. Todo recordó al del campeón el año pasado. Notables Trippier y Hermoso. De regreso un gran Savic. Koke encontrando en De Paul el complemento perfecto para carburar el equipo. Carrasco sobresaliente. Griezmann con capa, Correa de vuelta. Y el Metropolitano, de nuevo fortín. Ganando bajo la lluvia.

Y eso que no había llegado el primer minuto y ahí tenía ya Oblak al Betis, con Carvalho llamando a su puerta con una pelota que le había birlado a Griezmann. Llovía en Madrid ya. La lluvia envolviendo cada jugada. Simeone, para que además el Betis no le mojara, rompió su tridente de inicio. João Félix se quedaba en el banco, aunque Griezmann haría de él y Correa, de Griezmann. El regreso de Savic atrás, en defensa de cinco, apaciguó los nervios de los demás. Volvían a ser todos férreos defensas. Con Savic no se pasa frío en los pies. Todo centro lateral bético fue repelido por él. Sonreía Simeone, sancionado, desde su palco.

Del Betis sólo fueron los primeros cinco minutos. Pellegrini se guardaba a Fekir, y saltaba con cuatro cambios. Uno era Rodri. Y él llenó esos minutos en que el color que predominó fue el verde Betis. Lanzaba a su equipo con velocidad hacia Oblak. Pero duró poco. El Atlético había dejado atrás el gesto macilento. Respondió a ese primer zarpazo de Carvalho con un cabezazo de Giménez que era declaración de intenciones. La lluvia más intensa sería la que a Pellegrini le caería desde la hierba. Salía toda de las botas de Correa y de Griezmann. Escurridizos, indectables, insorportables para unos Carvalho y Guardado sin paraguas.

Su espalda era una autovía hacia Bravo. Roto el Betis, con la brecha entre sus líneas tan profundas como zanjas.

En el Metropolitano sólo había un equipo. Todo comenzaba en De Paul. La fuerza, el orden, el mando. Un futbolista que había nacido para el Atleti aunque hasta este verano no lo supiera. El mareo iba a cargo de Correa y Griezmann, intercambiando sus posiciones y sacando parajaritos de las cabezas de la defensa bética en cada internada en el área. Y eran muchas. Todas desde el que en el minuto 8 la grada rompiera a cantar con ese nombre que llenó la camiseta del francés, Luis Aragonééés. Se estrenaba su estatua. Era su manera de estar.

El Betis no sabía cómo arrancarse el dominio rojiblanco. Carvalho le dejaba los tacos a De Paul en el área sin que nadie esta vez, ni entonces ni dos minutos después, viera penalti. Cuando el juego regresó, detenido varios minutos, el Atleti lo hacía más encabritado. Al recital de Correa y Grizi se unía Carrasco. El gol no tardaría en llegar. Y los tres saldrían en la foto.

Griezmann, con un cambio de banda a banda buscando a Trippier. Correa, tras recibir el balón del inglés quiebra a un rival. Carrasco, llevando el Thunderstrack al fondo de la red: le rompió la cintura a Montoya y soltó un zurriagazo que se coló por la escuadra. Golazo.

Al descanso se fue sentando a cinco rivales en el área, con un rock and roll que no cesa.

La lluvia volvió a presentarse, puntual, nada más regresaron los equipos del reposo. A ver sobre quién se precipitaba ahora. Pellegrini, por si acaso, buscó resguardo cambiando a sus extremos. Simeone contrarestó con un 4-4-2 y Correa de interior, para ayudar ante Tello a un Trippier que se llevaba las manos a los isquios desde antes del descanso. Mientras el Betis crecía, el Atleti se topaba o con Bravo (Suárez) o el banderín del juez de línea (Hermoso, un gol anulado por un pelo). Pero no le dio tiempo a Pellegrini a sacar la cabeza y respirar.

Pezzella cabeceaba un despeje a la red y así se ahogaría su equipo.

No sin un tiro más, ese que le descerrajaría João Félix ya con el partido pesado, el balón apenas rodando en esa cortina de lluvia que parecía niebla. Se desmarcó para rematar un asistencia de Carrasco que también pasó por la Sala VOR antes de subir al marcador.

La celebración, dos minutos después, fue icónica. João en el centro del campo, brazos abiertos, sus compañeros corriendo hacia él, la lluvia que seguía envolviéndolo todo. También ese cántico, Luis Aragonééés, antes de la ovación, cerrada, a De Paul cuando se marchó.

Ha nacido. La lluvia le bautizaba.

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