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Oct 24, 2021

El uruguayo igualó con un doblete un partido en el que la Real Sociedad llegó a ponerse 0-2 con los goles de Sorloth e Isak.

Saltó la Real Sociedad al partido persiguiendo la silla que a lo largo de la tarde le habían ido quitando. Primero Sevilla, después el Madrid, ahora el Atleti buscando lo mismo. Su trono. Una Real condicionada por las bajas y con experimento. Gorosabel lateral zurdo y Zaldua como extremo en dibujo 4-3-3. Cinco minutos le duró esa idea a Imanol. Había salido el Atleti con un aire diferente. Con presión y presencia por el área de Remiro. Sin ganas de ir remolque otro día más, otro partido. Pero fue modificar la pizarra Imanol, cambiar a defensa de cinco a los cinco minutos, y encontrarle costuras a los guantes de Oblak, con más fugas que Alcatraz este año.

Todo comenzó en João Félix, reluciente púa de ese tridente que Simeone sacaba por primera vez esta Liga. El portugués, Suárez y Griezmann. Intentó el porutugués un regate en el centro y Guevara robó. En tres toques, rapidísima, condujo la Real Sociedad. De Guevara a Silva, de Silva a Merino, de Merino a Isak y de Isak a Sorloth. Verticalísima. Con pases que eran cuchillos y dejaron al noruego solo ante el portero. Salió éste otra vez con gesto pálido o, quizá, solamente humano. Salió el portero para que Sorloth le rompiera la cintura.

Seis minutos habían pasado sólo y sobre el Atleti ya parpadeaba ese 0-1 en el electrónico. Pero el tridente del Cholo ni pinchaba ni cortaba. Era romo. No le daba al argentino ni una triste ocasión que llevarse a la boca. Incapaces sus púas de escapar a esa cárcel de centrales que había salido de la pizarra de Imanol tras ese minuto cinco (Elustondo, Le Normand y Zubeldia). Tres centrales que Simeone sólo podía mirar con nostalgia: a él esta noche le había tocado jugar con dos, Felipe y Hermoso, en defensa de cuatro, Giménez reserva de inicio. Su centro del campo, el mismo que había brillado ante el Liverpool, De Paul-Koke-Lemar, se había apagado. Y desconectado de arriba. No encontraban caminos que llevaban a Suárez, João, Grizi. No sabía ninguno de los hombres del Cholo, tampoco, cómo taponar la salida de balón txuri-urdin, y eso que la pelota partía desde el mismito pie de Remiro, en un recital incansable. Ni siquiera João, que encendía la interna, lograba sacar a sus compañeros del laberinto.

El incio de la segunda parte fue un calco. Todo lo anterior repetido. Una Real que parecía haberse duchado en aceite, tan escurridiza e inasible. E Isak de nuevo ahí, lanzando dentelladas. En una dejó solo a Silva a sus pies y paró ese portero que tanto conoce el Metropolitano, San Jan de los milagros. En la siguiente, regresó el Oblak humano, el de las fugas: incapaz de blocar esa falta que, desde la frontal, ni fuerte ni especialmente colocada, le lanzó Isak. «Viva Suecia», parecieron gritar los puños apretados de Imanol en su banquillo. 0-2.

Entonces, la luz. Porque el talento siempre encuentra un resquicio. Y del descanso el Atleti había dejado a un Lemar tocado en la ducha y salía con Carrasco. Y con el belga todo tiene una velocidad más. El equipo, el ritmo, las ocasiones. La linterna de João. Porque él es uno de esos futbolistas por los que se pagan entradas al fútbol. De su bota brotó ese centro lateral hacia Suárez. El uruguayo lo cabeceó inspirando y expirando pólvora, pegado al postero derecho, enviándolo allá donde no llegaría Remiro. 1-2. Media hora por delante y Correa ya en el campo.

Lo había volcado el portugués, tunelando en cada uno de sus pases, el botín convertido en pincel. El cambio de Griezmann coincidió con esa jugada: perdía el Cholo una púa de su tridente cuando Merino pisó el gemelo de Suárez en el aire. Llamada del VARbitro al oído. Munuera Montero que pasa por la pantalla y lo pita. El penalti. Suárez engaña a Remiro para estampar con violencia la pelota en su red. 2-2.

«La grandeza del hombre consiste en que carga con su destino», que escribió Milán Kundera. Y el destino del equipo del Cholo es que nunca se rinde. Había logrado ya el empate y sólo buscó la victoria en los 13 minutos restantes, más cinco de añadido. Con centros laterales y uys de Correa, pero sin ser capaz de arrebatarle ese empate a Imanol que le agarraba fuerte a su silla, a su trono en LaLiga.

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