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Oct 8, 2022

El argentino marca los dos goles de un Atleti pobre en el fútbol que acabó sufriendo ante un Girona que mereció el empate. Riquelme acercó a los de Míchel, que tuvieron dos palos.

El partido que acabó con el Girona sobre la portería de Oblak buscando un empate que el portero y los palos le habían negado, los nervios de punta, comenzó con la celebración de la liberación de Griezmann. Griezmann fuera de su jaula. Griezmann titular sin mirar con estrés un Excel, Griezmann como uno más, no a gotas, no solo treinta minutos. Un Griezmann fundamental, el mejor futbolista del Cholo también como interior, que le permite intervenir mucho en la creación, en la aceleración y el devenir. Griezmann con su sonrisa alumbrando como un faro en un partido en el que el Atleti necesitaba rastrallar el borrón que el Brujas dejó en lo que pareció una recuperación en Sevilla. Un Griezmann junto a Cunha y no Morata, con Correa ocupando el lugar de Llorente y ese plan que el Cholo se resiste a soltar: tres centrales atrás. Que la base del Girona de Míchel es esa y Simeone siempre juega levantando un espejo frente al rival. Pero le sigue faltando fútbol, mucho, terriblemente. Aunque no ángel.

A los cinco minutos, ya estaba por delante. Que el día venía festivo, las peñas, el homenaje con pasillo a Koke por sus 556 partidos con la rojiblanca ya. Reinildo roba una pelota y corre, Griezmann recibe el balón, lo pisa y espera. En el segundo palo asoma Correa como una exhalación. Y allá envía la pelota Grizi. Correa, al primer toque y con la izquierda, la deposita en la red. Rápido, eficaz. El ángel del Atleti es un futbolista que sale y hace goles, sin excusas ni caras largas ante la falta de minutos que merece.

Un Atleti alumbrado por Griezmann que cayó sobre el Girona como un ladrillazo: dejándolo KO. Demasiado agitado, ansioso, corrían los futbolistas de Míchel, no la pelota. Y, sin pelota, el Girona es endeble y vulgar. Pero sintió el Atlético el estómago lleno del gol y se la regaló. Total, miraba el marcador y ya ganaba. Total, parecía el Girona un rival de arena de playa. Pero la fragilidad del rival se esfumó en cuanto sintió el cuero en las botas. Comenzó a crecer sobre las internadas de Arnau, comenzó a combinar rápido, tejiendo desde atrás y cada vez con más presencia en el área de Oblak. Toc, toc. Quién es. Soy yo. Qué vienes a buscar. Tu red… Parecía cantarle al portero cada vez con más frecuencia. Achicaba Reinildo, comenzaba a impacientarse una grada a la que el 1-0 ya no llenaba. El Atleti tosco y espeso, sin control en el centro. Que no transmite, que no emociona, que no es ese Atleti del himno, el del coraje y corazón. Al Girona solo le faltaba acierto, tiros a puerta. A Carrasco le ha sobrado el verano. O es que directamente no ha regresado de él, la pura desidia.

El Atleti sólo tenía a Griezmann. Con el mono de trabajo y el frac, sacando el desfibrilador para sacar al Atleti de la nada. De su bota brotaban, como chispazos de desfibrilador, balones para que Cunha buscara la red de Juan Carlos con zarpazos cuando el descanso asomaba. Este llegó con Arnau tendido en la hierba tras un pisotón de Giménez que se castigó de amarilla aunque fuera naranja. El partido regresó sin Arnau y con Míchel, que no estaba en el banco, cumplía su segundo partido de sanción, cambiando sus dos carrileros. Pero su plan no tuvo tiempo de instalarse, de germinar en la hierba. Ahora quien le cayó encima fue su propio portero, Juan Carlos.

Puro Riquelme

Le regaló la tranquilidad al Cholo regalándole un balón a Correa en un error grosero. Solo con que el argentino presionara un poco la salida, el portero trató de sacar la pelota jugada y se la brindó con un lazo. Gol. El golpe tumbó al Girona, había nacido en uno de los suyos, hacía más daño. Simeone quiso aprovechar esos 40′ para escapar del partido a partido y pensar en el miércoles, el Brujas. El resultado tenía guardián, Reinildo, duro y rápido, excelso en el corte. Pero, mientras salían Griezmann, Cunha y Carrasco de una tacada, Míchel aprovechaba también para introducir a Stuani. Y con Stuani siempre pasa algo. Nada más pisar la hierba, Riquelme disparó desde fuera del área y la pelota pegó en Giménez para desviarse a la red. Riquelme pedía perdón mientras otro partido comenzaba. El Girona se había levantado. Azotado el Atleti por ese refrán, que no hay cuña peor que la de la propia madera.

Y se había ido Griezmann y de pronto Oblak comenzó a salir en las fotos. El Girona, con la pelota, un equipo vivo y mordaz. Todo girando alrededor de Riquelme, ese futbolista en cuyo alrededor siempre pasan cosas. Rápidos sus carrileros, con Stuani sirviendo centros, el Girona estaba como en la primera parte, toc, toc a la pueta de Oblak. Pero ahora con peligro. Obligado a poner los guantes ante un disparo desde la frontal de Taty Castellanos y otro de Aleix García que le dobló la mano y se estampó en la madera. João salía al campo, Witsel era cambiado por primera vez, De Paul otra vez sin minutos. Y Oblak frotando sus palos con ajo. En un final histérico y accidentado, el Atleti protegiéndose, el Girona tan encima, tan buscando, con tanto peligro, pero que acabó estrellado en la madera, para que ahora quien sintiera la liberación fuera el Cholo.

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