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» Crónica » Atlético De Madrid 1 C. A. Osasuna 0 » Sufrir, sufrir y volver a ganar » Por Alfredito Y Alejandro «

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Nov 20, 2021

Un cabezazo de Felipe a balón parado en el 86′ otorga tres puntos capitales a los rojiblancos.

Osasuna, con un ejercicio defensivo inmaculado, puso muy cara la victoria.

Esa última jugada era la foto del partido. Herrera en el campo del Atlético, que había subido a rematar un córner. Carrasco que lanza el balón a la portería vacía… para verlo estrellado en el palo. Eso, durante 86 largos minutos, fue Osasuna para el Atleti. Un darse cabezazos contra la pared. Un remar y remar para nada.

Pero seguir adelante, con fe inquebrantable. Un palo que dolía menos porque Felipe ya había pasado por el partido. Ese Felipe que pedía perdón por sus errores en Anfield, sus errores a lo largo de la temporada mientras va encontrando la forma. Un Felipe que fue titular y decisivo, con un cabezazo que mantiene al Atleti arriba, en la lucha, haciendo fútbol su esencia: si no fuera sufriendo, no sería Atlético.

Había saltado sin Suárez, sin De Paul, sin Giménez. Con defensa de cuatro, viejo abrigo cholista, a ver si así recuperaba el aire de mármol. La orden parecía clara: no encajar. Ese miedo sobrevolaba cada balón, desde el principio, los minutos finales en Mestalla, Felipe en Anfield. Sus defensas apelotonados muy cerca de Oblak, que no quedara un hueco.

Por delante, dos regresos ansiados, los de Llorente, en el pivote junto a Koke, y Lemar, suelto por el ataque, cerca de Griezmann y Correa. Enfrente, Osasuna, un rival que se siente cómodo en el papel de rival incómodo. Saltó con personalidad y el librillo aprendido. Arrasate sabe qué le ocurre al Atleti cuando se le introduce en un bosque de piernas. Que se pierde.

Y de piernas llenó el césped del Metropolitano, con tres centrales, dos carrileros (Manu Sánchez, sin cláusula del miedo, ovacionado) y un trivote que, desde el minuto uno, parecían multiplicados ante unos Llorente y Koke desbordados.

El Atleti no había terminado de saltar al partido y ya había perdido el sitio. El reloj no había llegado al seis y Simeone ya había perdido la voz, de tanto gritarle a Lemar que ayudara a los pivotes, que no estuvieran tan solos, rodeados de hombres.

Pero nada. Osasuna no se descomponía, al amparo de su superioridad en cada línea y lanzando en contras, como cuchilladas, a Kike García y Chimy Ávila. Sólo le faltaba un detalle: convertir en ocasiones ese dominio. Porque el Atleti no tenía el balón pero sí el peligro. Como en esa rosca de Griezmann que acabó en el lateral de la red. El uy sonó a gong. Cuando Herrera devolvió la pelota al partido, éste había cambiado.

El Atlético se miró el cuerpo. No tenía heridas. Alzó el mentón y comenzó a arrancarse el corsé de Arrasate tirando de la sociedad Carrasco-Lemar en la izquierda y el movimiento de Correa a la derecha. Para acompañar a Griezmann, hasta entonces muy solo. Su segunda vez ante Herrera le descerrajó un tiro a bocajarro que se topó con el hombro de Unai García en el camino a la red.

El descanso llegó en el botín de Grizi. En la primera vez que Llorente logró escapar en carrera y buscar la picardía de Correa y el pie del francés, que remató desviado.

Después de un golpazo Vrsaljko-Manu Sánchez que dejó al croata con una gasa taponándole la sangre en la nariz y un intercambio de disparos lejanos.

Un misil de Torró que repelió Oblak a lo Oblak, con paradón. Un intento de Hermoso de sorprender, desde su campo, a un Herrera adelantado. Pero nada. 45 minutos después el partido sólo había pasado por las cuerdas vocales del Cholo, no por el marcador.

El final de la primera parte, sin embargo, le dio al Cholo la hoja de ruta para la segunda. Paciencia en la elaboración y banda para Llorente, encarcelado en el medio. Cada llegada a línea de fondo del ‘14’ es una ocasión. Herrera comenzaría a sentir fuego a sus pies, encerrando a todo su equipo en su área y moviendo el balón de un lado a otro, con córners, buenos centros de Hermoso, buscándole fisuras.

Las balas de plata que ambos entrenadores guardaban en su banco se descubrieron pasada la hora. De Paul y Suárez por un lado. Budimir por el otro.

La hoja de ruta había sido sólo pura espuma. Se había ido, había desaparecido ya. Osasuna se rehizo. Encontrarle un hueco a David García es más difícil que salir con vida de El juego del calamar.

 Ni con Cunha ni con Kondogbia ni con las filigranas de Carrasco cuando ya faltaban Llorente, Lemar y la capa de Griezmann. Nada le funcionaba al Cholo quele daba la alternativa a Carlos Martín justo cuando Carrasco golpeó con pie enguantado ese córner… a la cabeza de un Felipe que saltó para deshacer todos los nudos rojillos. Y sus propios fantasmas.

Justo antes de otra parada decisiva de Oblak y ese palo de Carrasco que fue el fiel retrato del partido

Hasta el minuto 86. Que el retrato que se impuso fue el del propio Atleti. Sufrir, balón parado y tres puntos.

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