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Feb 21, 2022

El Athletic atropella a una Real Sociedad apocada en un derbi en el que abrió fuego desde los saques de esquina.

Sancet revolucionó un partido muy frío de inicio.

El derbi monocolor se quedó en casa, almacenado bajo siete llaves o, lo que es lo mismo, la nube de euforia de San Mamés. Fue un destrozo en toda regla. El primer Athletic-Real Sociedad que se recuerda sin afición guipuzcoana fue un monólogo en la grada y en el campo, donde el equipo bilbaíno acabó entre olés, lanzados por el personal viendo tanta delicia propia y sufrimiento del vecino. Fue el que más propuso y con más nudillos tocó a la puerta del gol. Cuando se atasca el gatillo, esta plantilla se abre paso con su prodigiosa estrategia. Dos goles en un par de saques de esquina, cada uno lanzado desde un rincón, permitieron la revancha rojiblanca de la final de Copa del año pasado. Luego remataron la exhibición Williams y Muniain. Había luto por la muerte de Mauri y se le tributó un homenaje goleador. Casualidades de la vida, en el anterior 4-0 a la Real (1959), el bravo centrocampista de los ‘Once Aldeanos’ formó con Maguregi la medular del Athletic que arrolló al equipo donostiarra.

Sancet, pletórico, fue el que revolucionó todo el orden establecido. ¡Qué manera de irrumpir en el pulso de rivalidad! La Real, en una versión apocada que no se recordaba desde hace años por Bilbao, parecía tener la mente en otro lado. En el Leipzig tal vez. Jugó a empatar y se sacó los peores 90 minutos del año, sin ritmo, ambición ni la pasión que demandan este tipo de citas. Dejó de ser esa bestia negra de los leones en la era reciente y quedó fulminada. Había pereza, pocas ganas. O le pesó demasiado el escenario. Su capacidad ofensiva y de reacción fue inexistente. Y el castigo pudo ser mayor si los locales llegan a meter un penalti en el primer tiempo, aunque lo falló Muniain. Llevan cinco errores en los siete últimos lanzamientos.

La afición estaba en éxtasis y renovó sus coros: burlas con Remiro tras su fuga al eterno enemigo, toreos, ‘beste bat’ (‘otro más’)… Marcelino le tiene tomada la medida a la Real. Nunca ha perdido contra los txuri-urdin en Liga como entrenador: 12 victorias y 6 empates, aunque seguro que cambiaba gran parte de ese deslumbrante bagaje por la Copa de La Cartuja. Solo le gana Simeone contra el Getafe: 19 sin hincar la rodilla.

Raúl García protagonizó los compases iniciales, con una tarjeta casi con el saque de medio campo que se supone le iba a condicionar para lo que quedaba. Luego incidió en las protestas como si estuviera ya blindado para las amonestaciones. Y dispuso de un remate claro a saque de falta, aunque estaba en fuera de juego. La presión de los locales era tímida, es decir, eso que ahora se utiliza casi como expresión fetiche, disposición en bloque medio. La Real tenía el balón pero en línea de centrales, así que su maniobra resultaba inofensiva. Los leones solo creaban peligro cuando corrían, aunque las puertas para galopar estaban cerradas.

A la media hora llegó al fin un punto de intensidad. La pelota golpeó en la mano de Silva tras un disparo de Williams. Tras revisión del VAR a pie de campo, Martínez Munuera pitó penalti. Lo lanzó Muniain ajustado al poste derecho de Remiro. Demasiado flojo. El meta de Cascante, diana de las iras del público tras negarse a renovar en Bilbao durante todo un año, lo intuyó. Si hasta entonces había sido el actor principal de la velada, ahí se erigió hasta en el dueño del cartel del espectáculo. Desquite tras la cantada el año pasado de puños a saque de falta del propio capitán del Athletic.

La esperanza era que ese fogonazo revolucionara un poco la batalla, muy plana, sosa y sin fútbol hasta el momento. A ver si se trataba del punto de inflexión. El Athletic estaba mejor, corría cuando podía y no sufrió excesivamente cuando no tenía el balón. Oyarzabal, Silva, Portu y Sorloth, es decir el gol y la fantasía txuri-urdin, no aparecieron y eso restaba sudor a los leones. Imanol propuso pausa, porque el equipo viene zurrado de tanto compromiso, pero aquello derivó en una lentitud desesperante. Marcelino volcó el juego por la derecha. Luego fue entrando en acción Yuri, y suyo fue un disparo que atajó de nuevo Remiro. El Athletic no estrenó a Unai Simón y las contadas ocasiones en las que se desataba eran las únicas que podían invocar al gol. Berenguer remató posteriormente a pase de Dani García, pero en el inicio había falta de De Marcos a Gorosabel.

La ronda de cambios fue un buen notario de lo que estaba pasando. Marcelino puso en liza a dos ‘jugones’ como Vencedor y Sancet; e Imanol sacó dl campo las chisteras de Silva y Merino. Significativo. Williams era un puñal retando a sus pares, hacía sufrir una barbaridad a la defensa donostiarra. La lata se abrió desde el córner. Un primer mazazo a saque perfecto de Berenguer y martillazo con la cabeza de Vivian, casi saltando hacia atrás. Perdió la marca Oyarzabal y permaneció estático Gorosabel. Y el segundo, un suspiro después, lanzado por Muniain y remachado de puntera por Sancet, En el minuto 70, la estadística recogía cinco tiros a puerta locales y ni una huella visitante. La apoteosis llegó con otros dos tantos, de Williams y Muniain, que se desquitó del penalti errado. Y estuvo cerca la manita. El borrón de Mallorca estaba perdonado. Tal vez ese accidente motivó estas ganas de pasar por encima de uno de los rivales más apetecibles en San Mamés, una marioneta que se zambó de cuatro bocados. Berenguer tuvo tiempo para forzar la quinta amarilla, para descansar ante el Barça y estar a tope ante el Valencia en Copa. Extrañó un poco porque ese partido del Camp Nou apetece a todo el mundo, pero la prioridad es otra. El Athletic vuelve a su rutina. La de ganar. Europa está más cerca. Gasolina para la Copa en Mestalla.

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