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Oct 23, 2021

Espectacular media hora final del capitán del Athletic, que volvió loco al Villarreal.

Un penalti de Moreno a Vencedor que solo vio el VAR cambió el devenir del choque.

Bilbao se ha desconectado del fútbol durante 22 días. Y en este sábado se ha reenganchado desde las diez de la mañana, con la Asamblea del club, hasta las once de la noche, con un partido vibrante.

Trece horas frenéticas. Un viaje desde el fracaso de Elizegi hasta el triunfo de Muniain, un bajito revoltoso con magia en sus botas que abatió al Villarreal. En el tramo final empezó a desajustar al cuadro amarillo y a generar ventajas para todos. Enorme partido del capitán rojiblanco en un Athletic que dejó generar al Submarino una ocasión y dos cuartos de otra.

En general, un partido muy completo después de tres semanas a verlas venir en Bilbao. ‘Bueltan Gaude’ rezaba una pancarta en la Grada Norte. ‘Estamos de vuelta’. El que ha vuelto como un cañón es Muni. Y los amarillos empiezan a sufrir las consecuencias de un calendario cargado: lesiones musculares de Foyth y Moreno. El Athletic no ha perdido ninguno de sus últimos 21 partidos de Liga tras parón de selecciones. La tradición no se quiebra.

El equipo de Marcelino tenía apetito de fútbol y puso el mantel y los platos casi al mismo tiempo. Esto es, el juego y las ocasiones de gol. Solo quedaba el bocado final. El ritmo enloquecedor dejó por los suelos al Villarreal. La velocidad era la de Fórmula 1 ante una concentración de 600. En primera iba el Villarreal, dosificando por su cargado calendario en estas tres semanas de ayuno de Liga para los bilbaínos. Muniain descorchó la noche con ganas. Se sacó un inicio de chistera y varita mágica. Nada más arrancar, cedió a Williams, que tuvo tiempo para parar la pelota en el área y la colocó con el interior, pero la escupió el larguero. No hubo que esperar mucho para que se impusiera la lógica. Antes del cuarto de hora, una veloz acción en medio campo entre Balenziaga y Muniain descontroló a Foyth y permitió activar la carrera de Williams. Fue como un disparo, nadie le echó el guante. Iñaki dio un pase de canela a Raúl, que marcó en un intercambio de papeles entre los delanteros locales. Todo a mil por hora.

El Athletic era un equipo muy fluido y atrevido, crecía sin necesidad de impulsar el robo arriba para tener ocasiones. Era una gozada. No pudo poner su impronta Gerard Moreno porque sufrió una lesión muscular en el minuto 21, y dejó su sitio a Chukwueze. Aunque en jugada el equipo estaba en inmenso, el Athletic de Marcelino siempre exprime la estrategia. Iñigo Martínez remató a gol en el 24’, pero se la encontró Rulli, arrodillado.

El Submarino se sumerge con pasmosa facilidad por los mares del gol. Es difícil hacer menos para marcar que lo que montó durante media hora. Los leones se desestructuraron por primera vez y era justo la señal que estaban esperando. Lekue vigilaba a Estupiñán como un policía a un reo peligroso. Picaron un pase entre central y lateral para Danjuma, que encendió su moto GP. No basculó bien Vivian y el neerlandés le regateó casi sin querer. Cedió a Coquelin y éste armó un tiro que se envenenó al rozar en Iñigo Martínez. El francés hizo su primer gol como jugador del Villarreal. No anotaba desde el 17 de febrero de 2018, con el Valencia en La Rosaleda.

Desde ese empate, el Villarreal empezó a crecer. Parejo, invisible durante una hora, entró en acción y fue dando sentido al juego castellonense, amigándose con la bola para cambios de sentido hacia los veloces extremos. Raúl se unió a Negredo y Falcao como goleadores con 35 o más este año en Liga, andaba viviendo el juego entre protesta y protesta, estaba fuera del partido. Lekue era un profesor de la perseverancia y Vencedor se especializó en robos altos, pero el equipo rojiblanco no lo aprovechaba. Marcelino cambió a su pareja atacante. Con Sancet y Villalibre se reactivó la chispa. Aunque el gol que desequilibró el choque llegó por una acción que no advirtió ni uno de los casi 40.000 asistentes en la Catedral. Fue un pisotón en una acción defensiva del Villarreal. Moreno pisó a Vencedor sin querer. El canterano del Athletic no suele hacer teatro y se retorcía de dolor. Hasta le echaron en cara un posible teatro.

A Cuadra Fernández le avisaron desde el VAR de la acción. Penalti clarísimo. Lo anotó Muniain, que desde ahí inicio un show, cuando el rival quería bajar el pulso, dormirlo. El error del visitante regeneró a los leones. Estupiñán, que andaba descentrado por una tarjeta anterior, se comió el caracoleo del pequeño Iker y cometió penalti. Otra pena máxima en un suspiro. Pero el capitán, generoso él, se la dio Berenguer, que lo pidió para estrenarse este año. Lo tiró fatal y se lo negó Rulli, el héroe de los penaltis de la final de la Europa League. No paró ahí el 10, que burló a Capoue en la raya del área y casi se cobra otro penalti. El tiro de falta no tuvo más trascendencia. Quien más quien menos se preguntaba si sería otro de esos partidos que el Athletic no supo cerrar y acabó en empate. El Villarreal no estaba para esas misiones.

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