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» Crónica » Athletic de Bilbao 2 Granada C. F. 2 » Noche de regalos en San Mamés » Por Alfredito Y Alejandro «

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Nov 27, 2021

Cuatro goles tras fallos clamorosos y el Athletic que persiste en del bucle de los empates.

Tres lesiones en un Granada que no sale de la enfermería.

Iñigo Martínez, expulsado.

Le irritan a Marcelino los empates a un tanto, porque implican alguna pifia. Pues recibió doble ración, tablas a dos en un compromiso con un carrusel de emociones, porque nada faltó en la coctelera de San Mamés. Ya van ocho igualadas con Marcelino y cinco partidos seguidos sin ganar. Goles estrambóticos, tres lesionados en el Granada que se unen a los cinco que ya tenía, una pifia monumental de Simón que obligó a Iñigo Martínez a jugarse el tipo y, de hecho, vio la roja… y el corazón a cien por hora ante lo imprevisibles que fueron los más de 100 minutos de partido.

Tercera semana consecutiva en la que los leones son incapaces de ganar a un rival de menos rango: Cádiz, Levante y Granada. Así no se va a ningún lado. Le ponen ganas, nadie lo duda, pero les falta lo importante, el fútbol. Y ya no es que falte gol, que esta vez se facturaron dos, es que el equipo no tiene ningún criterio con la pelota, hasta le molesta. El desbarajuste es tremendo. De los cuatro tantos, tres y medio fueron por lamentables fallos. Noche de regalos en San Mamés. Y lo más preocupante es que a Marcelino no le disgustó el desaguisado.

Moreno, castigado en un palco tras su expulsión ante el Madrid, apostó por dos puntas, Molina-Suárez y un juego muy directo, con un Athletic que tuvo una salida fogosa, presionando arriba y robando. Eso sí, sigue siendo un desastre en la construcción del juego, en el violín. Los nazaríes arrancaron dando bastante lija, sin contemplaciones.

La situación parecía idílica para los leones casi desde el saque de medio campo. ¡Qué engañoso! El debate sobre si hay o no gol en el Athletic, que puede ser muy prolijo, saltó por los aires en el minuto diez con el obsequio nazarí. Montoro andaba de rebajas, de ‘black friday’ tal vez. En la salida del juego, pecó de exceso de confianza. Recibió del portero y ni miró a su alrededor, la quiso centrar en diagonal como en una pachanga o un entrenamiento. Le robó la cartera Muniain y no precisamente por hacer una presión feroz, simplemente porque pasaba por allí. El capitán levantó la cabeza y se la sirvió a Raúl García, que sin marca alguna porque Torrente andaba a otra cosa, giró muy bien el tobillo para alojar la bola fuera del alcance de Maximiano, junto al palo más lejano.

Así que con 80 minutos por jugar, el runrún empezaba a sofocarse. Fue un momento liberador para los leones. Muniain empezó a crecer con mucha participación. Pero este equipo ya no es la roca de otros años y se descose como un pantalón de seda en piernas de un hipopótamo. No sabe gestionar las ventajas. El Granada cambió la partitura. Trató de jugar más en corto y asociarse. Y fue agrandándose. Rochina se acercó a los puntas. Cuando mejor andaba el grupo de Marcelino, llegó el despropósito. Dani García estuvo blando en una salida del juego y se la guindaron. El esférico cayó en botas de Machís, que retó con éxito a Lekue. Este descuidó su tarea, porque el punta es zurdo y no intuyó que siempre se fuga por el mismo lado. Reculó y reculó, y se la comió. Su disparo cruzado, el primer tiro visitante de la noche, fue gol. Unai Simón pudo hacer algo más probablemente. No fue su velada más inspirada.

En otra jugada que deja retratado a más de uno, en el contexto de un córner a favor, Muniain perdió un balón muy peligroso en tres cuartos de campo y el Granada se lanzó a un contraataque furibundo. El capitán se quedó petrificado mientras seis de sus compañeros volvían a zona defensiva para arreglar su estropicio. En la foto del gol de Molina también apareció fatídicamente Dani García, ya que golpeó sin querer la pelota y habilitó al punta nazarí ante Simón. Otro tanto de esos extraños, sórdidos, que acostumbra a admitir el Athletic.

En nueve minutos, el Granada dio la vuelta a la tortilla y desnudó la fragilidad mental del cuadro vasco.

Y volvió a circular el ruido de fondo por la grada, que, eso sí, coreó por vez primera el nombre de Nico Williams. ¿Otra vez un equipo menor, como el Rayo o el Cádiz, iba a asaltar la Catedral? La gente no estaba dispuesta a aceptarlo. El Granada apretó los dientes. Lo suyo con los centrales es un drama. Germán, el jefe de la defensa, cayó lesionado y dejó su sitio a Abram, así que Moreno tuvo que formar una zaga con dos centrales nada habituales y zurdos. Lozano, Domingos Duarte y Víctor Díaz ya estaban viendo el choque por la tele. Sin hacer demasiado más allá de aprovechar los errores locales y agradecerlos con goles, el Granada se vio por delante en el marcador.

El Athletic andaba parado y necesitaba dinamismo, percutir con continuidad, aunque eso no lo llegó a lograr nunca con cabeza.

Solo Nico Williams tenía algo de chispa. Las penurias no cesaban para el Granada y Machis sufrió un pinchazo cuando montaba un peligroso contragolpe. Salió en su lugar Neva, con el encargo de anular al menor de los Williams. La sustitución se demoró dos minutos, que le vinieron de perlas al Granada, porque sentía algo de agobio por entonces por el abordaje rojiblanco. Muniain iba desapareciendo segundo a segundo. Parece que todo quedaba a la inspiración individual. Como una genialidad de Raúl García, que vio adelantado a Maximiano en el 57. Tenía la jugada en la cabeza muy clara. A la media vuelta, con resbalón incluido, dibujó un arco y el cuero dio en el larguero.

El equipo de Robert Moreno era más el de Diego Martínez, con tres centrales si Sancet se juntaba en punta con Raúl García, y continuas argucias para que no se jugase a nada. Marcelino puso a otro Williams, el mayor, en busca de la reacción. Y el rival no paraba de desangrarse con las lesiones. Rochina fue el siguiente en caer. No podía ni andar sin dos ayudantes a modo de muletas.

Tercera ventana de cambios forzada por dolencias. El Athletic al fin contragolpeó, con el impulso de Iñaki Williams. Zarraga entró para dar más juego por dentro y lo intentó desde fuera, con palomita de Maximiano. Pero este grupo no está para elaboraciones, eso es un solar.

El empate a dos fue con jugada rocambolesca y un punto de mala fortuna entre tres jugadores andaluces.

Rozó la pelota Williams y se iba mansa a portería. Se resbaló Torrente en el intento de despeje, Abram trató de sacarla, el balón fue al poste y, ante el incordio de Muniain para remacharla, se la metió en propia puerta Maximiano con su cuerpo con el ímpetu de volver a su posición natural. El Athletic empujó y empujó, pero no le llegó para más. Hasta le pudo ir peor las cosas con una cantada de Simón, que embarcó en un suicidio a Iñigo Martínez. Le dio un pase muy comprometido y el central internacional, siempre de apagafuegos, se jugó el pellejo con Suárez para evitar el mano a mano de este ante el meta. El colmo de la tragicomedia de San Mamés.

El árbitro le enseñó tarjeta amarilla, pero le pidieron que lo revisara. Así lo hizo en la pantalla a pie de campo y echó al ondarrutarra. En el saque de falta, Yeray evitó el gol casi en la raya de meta.

Cinco partidos sin ganar son una eternidad. El barco va a la deriva.

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