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Feb 7, 2021

El Athletic, con muchos artistas de baja, careció de la claridad de ideas de otras tardes y Marcelino no dañó a un Valencia que se marcó en propia puerta y empató de córner.

Athletic y Valencia merodearon por el triunfo y firmaron unas tablas que dan por buenas. A los leones se les puso de cara el partido sin merecerlo y pudieron sentenciar, pero perdonaron la vida al rival. Llevan semanas de frenesí y tal vez por eso tuvieron una tarde muy decepcionante, así que el punto les sabe bien. En ataque no hubo ni la intensidad ni la concentración o el acierto de otras tardes ‘marcelinianas’. Hicieron mucho esfuerzo para llevarse poquita cosa. No pudo Marcelino doblegar a su querido Valencia. Este se encontró con el mazazo de un gol en propia puerta, pero se rehizo, fue valiente y hasta olfateó la victoria, pero se quedó a medio camino. Tampoco le amarga el punto, desde luego.

Si ante el Getafe se esperaba un partido al fallo, con lobos agazapados esperando un desliz, y aquello salió como una fiesta jolgorio en busca del gol, ante el Valencia el plan de tarde era el mismo. Y esta vez sí se cumplió el guion. El Valencia quería un ritmo bajo, apostaba por almacenar gente en medio y esperar que Vencedor tiritara para lanzarse al abordaje de Unai Simón. La transición, al inicio con Guedes y más tarde con Thierry, fue veloz. Y a los leones tampoco les iba mal esa estrategia, habida cuenta de las bajas y la apretada agenda que llevan desde que comieron las uvas allá por Nochevieja.

Los ches tiraban de conducción y profundidad, y eran los que llegaban al área, aunque con tímidos remates de Maxi Gómez. El Athletic ganó en agresividad defensiva según avanzaban los minutos, pero las piezas por delante estaban paradas, desconectadas, como si hiciera tiempo que no se veían las caras y se hubieran olvidado de cómo conjuntarse. El problema es que en el banquillo no había nada que mejorase ese desierto ofensivo, porque Muniain, Raúl y Villalibre asistían de paisano a la cita, por lesiones y sanción.

Marcelino ha entrado con un trébol de cuatro hojas en Bilbao. Cuando su equipo parecía más atascado, salió una acción de esas que podría rotularse como ‘jugada Marcelino’ o ‘ el ABC de Marcelino’. Fue tras un disparo de Wass en el 43. Unai Sinmón cogió mansa la bola y antes de tenerla atrapada en sus guantes ya estaba diseñando el contragolpe. Todos salieron en estampida, en una transición lo más vertical del mundo. Andaba Morcillo en el primer tercio del campo y salió como un velocista de cien lisos, como impulsado por unos tacos de salida en el verde. Lanzó con la mano larga el meta y en pocos toques el canterano rojiblanco llegó a la frontal de la meta contraria. Tiró un centro de esos que adora el técnico de Villaviciosa, por abajo, con efecto. La esperaba al segundo palo Williams, pero no le llegó, porque en su intento por despejar, Guillamón la introdujo en propia puerta. Domènech contribuyó con una salida extraña. Curioso: a Morcillo se le había ido mil veces Thierry y esta vez, la suya fue la buena.

La segunda parte desmelenó las pizarras de Marcelino y Gracia. El Valencia se remangó y salió sin complejos a por todas. Cayeron oportunidades como la nieve en Madrid hace semanas. Si los leones no se habían merecido ir con 1-0, cuando la justicia le otorgaba una renta mayor, no supo hacerla buena y el que perdona… Vencedor tuvo una de cabeza tras otro gran centro desde el ala de Morcillo. Y Sancet, muy blandito el canterano, falló en el área a placer en una acción que liberó a Domènech de la pesadilla por la cantada del 1-0. ¡Menudo paradón abajo! El Valencia fue cogiendo color y un saque de esquina, unido a un resbalón rojiblanco que hizo perder las marcas, permitió empatar en el 66 a Paulista tras un soberbio testarazo. Dani García no pudo amarrarlo. A partir de ahí, el partido se rompió. Podía caer para cualquier lado.

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