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Oct 1, 2020

El Athletic volvió a las andadas ante un equipo lleno de fe.

Expulsiones de Akapo y Negredo en la segunda parte, y gol en propia puerta de Unai López.

El Cádiz quiso volver a San Mamés, un campo de esos que añoraba mientras transitaba por callejones de segunda, por todo lo alto. Ganando con nueve, después de la expulsión de Akapo y un error mayúsculo de Negredo, un veterano curtido en mil batallas que desfiló por un codazo y un suspiro después, simular un penalti como un actor de telenovela cutre. Desde las catacumbas, el Athletic cambió el discurso con chavales alegres y ofensivos, pero la reacción no sirvió para arreglar el desastre. Vienen tiempos de sombras. Esto es algo histórico. A hombros de Aduriz, camufló los problemas estructurales que con tanta frecuencia le apearon de forma prematura de objetivos muy ambiciosos, y ahora hay que inaugurar otra época.

Garitano es transparente: puso en liza la misma alineación que en Ipurúa, ese equipo que le sacó de un cráter que parecía avecinarse tras el pésimo final del curso pasado y el inicio de este. Pero lo que te vale para unas veces naufraga en otras. Además, al Eibar se le ganó con otros, cuando entró el carrusel de cambios. No decidieron los de salida. Y Cervera mudó el bloque con seis piezas nuevas, otorgando las bandas a Iza, un lateral adelantado, y Malbasic, un delantero.

Los amarillos no salieron nada tímidos, pero fueron reculando conforme pasaban los minutos. De inicio, Garitano percutió con su idea de tirar a Muniain a una banda, por la derecha, con Williams esta vez como nueve. Una teoría que no se sostiene, indefendible, porque Iker, en una baja forma alarmante, se pierde cuando anda de vecino con la línea de cal. Luego se fue más al centro. Pero está empecinado en conectar con Williams, su colega al que quiere sacar del letargo anotador, y pierde en ocasiones mejores opciones. La pelota era maltratada con balonazos aéreos.

Los leones olfatearon que la defensa amarilla era crujiente y Morcillo y Raúl se lanzaron como lobos a la presión cuando el balón iba al portero, es decir, a la casilla cero, y por poco lograron bingo. Pero el ataque local era espasmódico, sujeto a arrebatos. Y lentísimo, de tal forma que resultaba imposible romper la estructura andaluza. Núñez tuvo un remate completamente solo de cabeza en una falta, pero no empleó la violencia necesaria. Cervera taponaba la salida en diagonal de Iñigo Martínez, ganador en todos los duelos, y dejaba libre a Núñez iniciar el ataque rojiblanco con pepinazos a la luna. No había ritmo, ni movilidad, ni centros decentes… cero córners en la primera parte con ese panorama del paleolítico.

Todo era tan reiterativo que Garitano programó el mismo posible reactivo que en Eibar: Villalibre, que ayer cumplía 23 años y empezó a calentar en el minuto 40. Akapo, que se traía una amarilla del primer tiempo, llegó tarde a una jugada de Dani García en una parcela inofensiva. Le pegó un buen pisotón y vio la roja. Iza bajó al lateral, con Cala y Fali de centrales. Para los recados había un trabajador menos, pero no cambiaba nada el paisaje. A veces estas expulsiones tienen un efecto motivante en los equipos. El Cádiz montó una contra que dibujó otra caricatura de Núñez. Si gordo fue su fallo el domingo, esta vez cantó aún más. Lozano corrió por la verde pradera y al tratar de centrar a Jonsson, la interceptó Unai López, que anotó en propia puerta.

El Athletic espabiló, no le quedaba más remedio. En tres minutos hizo más que en todo el partido.Un tiro al palo de Williams tras gran jugada, un lanzamiento lejano por arriba de Iñigo Martínez y un chutazo de Yuri. La cita exigía una revolución y Garitano quitó a dos pesos pesados como Williams y Muniain, inoperantes toda la tarde, para meter dos meritorios como Iñigo Vicente y Sancet. El juego cambió como de la noche al día. El Cádiz patentó el sistema 4-4-0. Garitano seguía cambiando todo el frente ofensivo y puso en liza a Kodro. ¿Qué pintaban dos centrales contra nueve? Salvi estuvo a punto de clavar la puntilla. Los visitantes se plantaban muy cómodos cerca de Unai Simón y no estuvieron muy lejos del 0-2. La tropa de Cervera achicó agua con maestría, el sacrificio le dio para salir a hombros de un campo que sólo pisó en Segunda B y nunca había ganado. El suspense se alargó los siete exagerados minutos de añadido y una revisión interminable del VAR de algo que nadie alcanzó a advertir.

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