» Dineros públicos » señorías y viajes » Por Nicolás Guerra Aguiar «

Acabo de recibirlo, estimado lector: “Si peligra la bolsa de las pensiones, que quiten la paga vitalicia de los políticos y no la de los jubilados y pensionistas. Si estás de acuerdo hazlo correr!”.

Pero como desconozco el tema referente a la “paga vitalicia de los políticos” (solo sé que los ex presidentes del Gobierno español la reciben y no los del canario, por ejemplo), ni elimino el mensaje ni lo dejo correr, como en el envite (“déjese dir palpién”, manda el capitán a uno de sus peones). Simplemente lo transcribo con la reiterada advertencia: ignoro sobre la perpetuidad de tal remuneración, asignación económica o subsidio a todos los políticos.“El Congreso gastó más de medio millón en viajes de los diputados con las Cortes disueltas” (entre el 1 de abril y el 30 de junio). Por tanto, prudente suspicacia (a pesar de).

No obstante, una cosa no quita la otra. Y empiezo a darle vueltas a la primera tras leer el titular de elespanol.es (y otros digitales): “El Congreso gastó más de medio millón en viajes de los diputados con las Cortes disueltas” (entre el 1 de abril y el 30 de junio). A la espera estoy de conocer los gastos correspondientes a julio y agosto: si no disueltas, sí estuvieron inactivas por la provisionalidad del Gobierno, emperretado el P.S.O.E. con su indiscutible triunfo el 29 de abril pasado… pero rigurosamente insuficiente para la investidura del señor Sánchez como presidente.

Ambos textos, digo, son como una matraquilla que me tiene desorientado y, en momentos, sorimbado cual alma en pena con más pinta de singuanguo que de racional. Desapasionadamente encarado, el primero no habla de ex políticos: carece del prefijo ex, ‘que fue’. Por tanto se refiere a los actuales, a quienes ejercen la noble función del sacrificio por la comunidad y, según la inmensa mayoría, “para servir a todos / todas sin distinción alguna por credos políticos, simpatías o militancias”. Amén.

Y si alguien no lo cree debe procurar no coincidir con una señora edila, gran canaria toda ella, rigurosamente convencida de su entullo de poder. La señora tirajanera, concejala de Recursos Humanos en el Ayuntamiento sureño, lo tiene clarito clarito: “Les guste o no, la concejala soy yo y se la tienen que mamar”. Y añade: “Para eso soy la autoridad”, palabra de la cual deriva el adjetivo “autoritario”  » persona »  que abusa de su autoridad’- y relacionado con dominante, mandón, absolutista, totalitario e incluso sargento, ya en sentido figurado. (Por cierto: no sé a quién alude la señora autoridad municipal cuando dice “Se la tienen que mamar”: ¿quién o qué es “la”, voz de categoría gramatical femenina? ¿Se refiere a la traca anunciadora-cerradora de los fuegos del municipio que pretendió imponer por las fiestas santiagueras?Pues bien. Si echamos un vistazo al currículo que define la actividad de políticos españoles, la conclusión es curiosa: la mayoría comenzó en la cosa pública casi desde la bisoñez o primera juventud Si así fuera, ¿cómo se mama la ‘explosión de pólvora’? (Pletórica curiosidad, manifiesto.)

Pues bien. Si echamos un vistazo al currículo que define la actividad de políticos españoles, la conclusión es curiosa: la mayoría comenzó en la cosa pública casi desde la bisoñez o primera juventud (in illo tempore) y algunos permanecen pasado el milenio anterior… incluso más allá de la jubilación impuesta a los mortales. Valgan tres ejemplos de viejas glorias canarias, con todos mis respetos: una, senadora; concejala; alcaldesa (durante su mandato los pájaros emigraron de San Bernardo); diputada en el Parlamentos de Canarias. Dos: concejal; diputado en las Cortes Generales y en el Parlamento de Canarias; consejero; urdidor de emputamientos en el P.S.O.E. canario. Tampoco lo pasan mal sus señorías (imperecederas o con aspiración a) del Congreso de los Diputados y Senado.Tres: diputado del Parlamento de Canarias; alcalde; consejero cabildicio… ¿perpetuo? (Ya voy atando los machos: el mensaje no necesita hablar de ex políticos, pues se refiere a quienes crecieron en la actividad y aspiran a senectar por ella. ¡Ay, la sabiduría popular!)

Tampoco lo pasan mal sus señorías (imperecederas o con aspiración a) del Congreso de los Diputados y Senado. Por lo que a los señores parlamentarios se refiere, sirva como introducción insisto  el titular del periódico mencionado: “El Congreso paga medio millón de euros para viajes de diputados con las Cortes disueltas”. Reportaje cuyas primeras líneas dicen: “El Congreso ha destinado algo más de medio millón de euros para sufragar viajes de diputados entre el 1 de abril y el 30 de junio, unos meses sin apenas actividad parlamentaria al estar disueltas las Cortes buena parte de ese periodo”.

Lo cual, así de repente, anonada a muchos ciudadanos acaso por la envidia (una de las plagas de España, se dice desde las alturas): si casi no hubo actividad en la Cámara, ¿cómo es posible que se gastaran 504 792,37 euros para viajar…, ¿a dónde y desde dónde? La explicación burocrática es tajante: fueron “viajes de sus señorías dentro del país para el desarrollo de su actividad tanto parlamentaria como estrictamente política”. ¿Actividad parlamentaria… con el Parlamento inactivo salvo para la Comisión Permanente? ¿Medio millón de euros en tres meses?Y a tal mediomillonaria cantidad deben sumarse 59 762,42 euros gastados en cinco viajes internacionales de delegaciones parlamentarias realizados a principios de abril.

¿Actividad parlamentaria… con el Parlamento inactivo salvo para la Comisión Permanente? ¿Medio millón de euros en tres meses? Como es rigurosamente imposible saber qué señorías -con sus trayectos correspondientes- gastaron ciento sesenta y cinco mil euros mensuales en transportes (¿por qué se le esconde a la ciudadanía tal capítulo de gastos?), cualquier españolito puede hacer cábalas o suposiciones (es decir: hipótesis, conjeturas) y plantear supuestas (es decir: hipotéticas, presuntas, virtuales, potenciales) características de viajes “para el desarrollo de su actividad”.

Así, un suponer: su señoría en el Congreso por San Borondón viaja a Madrid para los tales “desarrollos de su actividad”. Pero su hermana, residente en Bilbao, acaba de ser abuela. Va, pues, a visitarla con alguna pernoctación hotelera: ¿abona de su bolsillo billetes ida y vuelta, taxis y estancia -su nómina sobrepasa los cuatro mil euros-? (¿Y si en vez de su hermana fuera su pareja quien reside en Bilbo los doce meses del año?)

Otra figuración: recibe llamada de su partido para urgente reunión táctica en Santiago de Compostela. ¿Su grupo político le envía los billetes y el abono del hotel… o echa manos a su condición de señoría y le pasa la factura al Congreso, dinerito que se ahorra la institución privada a la cual pertenece?

Todos callan, absolutamente todos.