» El cabildo ha llenado la cumbre de belleza, de luz, de majestad, y todo por un risco santo caido (que si caído, ¿cómo puede ser santo » Por El Padre Báez «

 

Subamos pues, a bendecir y a alabar a las cumbres y montañas de gran canaria. ¡Qué grande esta isla por las obras de los guanches primeros en ella! La morada de dioses (no de Dios, en quien no creen) en las cuevas! Montes y valles, risco y cimas sant@s(con fronteras en las medianías).

Lugar ya sin asnos y sin aves, sin ganados ni cultivos (solo pinos y tabaibas). Antes, de esas cumbres ahora santas- salía el pan y el vino (entonces, eran tierras malditas); había hierbas, forrajes y ganados. Ahora, ¿sacamos aceite de los pinos? ¡¡No!!, el alimento nos viene de fuera. Los árboles santos los pinos  son para los dioses. Ya las cumbres sin pájaros (sino de otro talante). Ya no hay labranza, sino paro. Nuestras montañas ahora: montes de dioses. Cuevas, montañas y rocas por templos o santuarios.

Que se doblen las rodillas ante el risco caído cerrado, cual sagrario. Se bese el suelo del patio (aunque huela a orines y a caca de su antigua dueña, que lo tenía como retrete –por otra parte, lo más normal, pero…-).

Para conectar con la santidad, entremos en la hendidura de una peña. Un carnero, un cebón, un toro, un cordero, un macho cabrío, no se ve ya en esas cumbres santas. Se ha cerrado el risco caído, para que no se pise ni siquiera su atrio.

Busquemos pues, las cosas de arriba (no me refiero a Dios y su Gloria, sino a las montañas de la isla santa), guiemos nuestros pasos hacia las cumbres y descubramos sus cuevas y risco santos. Y, contemplemos, verdes praderas sin pastores ni ovejas, y a los dioses que se manifiestan en ellas. Levantemos nuestros ojos a nuestras montañas, risco y cuevas.

El cabildo, ha cambiado nuestra suerte, y no, no podemos estar alegres. Nos tememos lo peor. Ya no podemos comer del fruto de nuestro trabajo. Más abajo, no nos puede humillar. De ricos, a hambrientos…