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” Una tesis vigilada en la Universidad y ocultada por Pedro Sánchez “

La tesis de Pedro Sánchez era un codiciado documento que generó ríos de tinta a medida que el joven político iba ganado posiciones en la lucha por hacerse con el poder en el P.S.O.E., hasta lograr la presidencia del Gobierno. Toda tesis debe ser una aportación al conocimiento en su campo de investigación, y su autor, estar orgulloso de obtener una máxima difusión.

Pese a ello, Sánchez bloqueó durante dos años la consulta en la biblioteca de la Universidad Camilo José Cela, donde se doctoró cum laude, con alabanza, en noviembre de 2012.

Posteriormente cedió a la consulta en sala. Pese a ello, se escuhaba por doquier que la tesis era «secreta». No es cierto. ABC llamó el pasado junio al departamento de Comunicación de la universidad, donde nos informaron de que era «el libro más consultado» de su biblioteca. «Han venido decenas de periodistas a verla», añadieron. Dieron cita al redactor que ahora firma estas informaciones para el 21 de junio y la bloquearon durante todo el día para que pudiera examinarla.

Fue agradable comprobar que no la ocultaban, pero las condiciones de consulta parecieron leoninas. Tras firmar un documento en el que el periodista se comprometía, entre otras cosas, a no fotografiarla, recibimos el preciado tomo en el mostrador de la entrada de la biblioteca. Con la tesis bajo el brazo, el enviado de ABC se dirigió a sentarse en el interior de la biblioteca, pero fue interceptado por la bibliotecaria. Muy amable, dijo: «Perdona, pero la mesa de consulta de tesis es esta», señalando a la que está justo a su lado, de tal modo que el lector se sentía bajo vigilancia, como si estuviera consultando un incunable o un secreto de Estado.

Las más de cuatro horas de lecturade la obra «Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)» del doctor Sánchez no fueron apasionantes, pero sí suficientes para comprobar que ese tomo encuadernado en cuero azul no olía demasiado bien. Pero sin disponer de una copia para investigarla, poco se podía hacer. La buscamos y la encontramos.

Ayer, en el Congreso, un furioso Albert Rivera espetó al presidente: «Le pido que para disipar cualquier duda, haga usted pública su tesis. Acabemos con la sospecha y la duda razonable». Antes, el 8 de agosto, el P.P. la había solicitado por escrito en el mismo escenario, la Cámara Baja. El presidente no cedió. Siempre se había negado a entregarla a todos los periodistas que se la pidieron pero, por fin, seis años después de su defensa pública ante el tribunal de doctorado, se acabó el secreto. Sabemos por qué la ocultaba.

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