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” Aldea de San Nicolas ” La Aldea se remojó en ese baño anual ” Que da la vida “

La vida son tres días: Rama, Romería y Charco”, así rezaba en una de las camisetas que este martes se vieron en la Playa de La Aldea, y cuanta razón, porque desde el nueve al once de septiembre, la vida se hace hermosa e intensa en La Aldea.

Un año más, en el cruce la playa, brillaron los rostros, luminosos, sin un síntoma de cansancio a pesar de los dos días anteriores en los que no hubo descanso.

Y es que el sol tempranero que calentó a La Aldea desde las primeras horas de este martes, once de septiembre, avisaba de que sería otra jornada grande, en la que la alegría desbordada de todo un pueblo, contagió y emocionó a los que venían de fuera.

Se vino caminando desde el pueblo, con las guitarras cantando El soy aldeano, preparando el ambiente, para cuando a las doce del mediodía, la Banda de Agaete entonó las queridas melodías, iniciando el baile hasta el muelle.

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Se alzaron al cielo las cestas, y el corazón aldeano rebozó de felicidad, en esa danza entrañable que enmarca el día del Charco.

Y mientras los jóvenes y no tan jóvenes sacaban fuerzas de donde no habían, en pleno éxtasis en el muelle, en el parque Rubén Díaz, volvía la bella estampa del encuentro anual de familias y amigos.

Desde Arucas llegó Josefina a disfrutar un año más, y Manuel con el grupo de amigos, mientras las mujeres iban por su lado, entonaba las canciones de siempre, con el dulce sonido del acordeón y guitarra.

El pequeño Matías con nueve meses, llegado desde Noruega con su madre Mariel, disfrutaba de su pimer año de Charco, bajo la atenta mirada del abuelo Miguel, aldeano de pura cepa, que otro año más llenó los vasos con el licor de papas para brindar por la vida, mientras la cuñada Rosa preparaba el café, que sabe a gloria bajo los pinos del parque.

En el grupo de la familia Suárez Moreno, se echó de menos al amigo José Luis Vega, que este año, por motivos de salud, no pudo estar presente, pero desde Valleseco mandó la sabrosa paella, que desde Bañaderos fue a buscar el otro José Luis, para que se disfrutara como siempre. Hasta Lola comió paella este año, gozando con la gente querida de lo bueno del once de septiembre en La Aldea

Y disfrutó Aruma de lo lindo, con sus padres, Luis y Provi, antes de emprender el viaje de regreso a la fría Inglaterra.

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Mientras cantaban las guitarras y timples llenando de música el parque, sobre mantas extendidas sobre las pinochas, se echó alguna cabezadita para reponer al cuerpo de tantos días sin sueño.

Fue ligera la siesta, porque la Banda de Agaete, puntual, levantó en volandas al parque Rubén Díaz, para que no faltara nadie a las orillas del Charco.

Sonó el volador a las cinco de la tarde en punto, y en un instante, La Aldea se remojó en ese baño anual, que da la vida.

Eulogía, porque había que estar por muchos motivos este año, se puso con las primas al frente de la pesa, para controlar el divertido concurso de la pesca de la lisa, con la reivindicación de que el año próximo le pongan una de las pesas antiguas que son las que valen, y las que le gustan a ella.

Seima Llarena, como que cogió todo lo que había en El Charco, 161 lisas contadas una a una, con Feluco dando fe de que fue la mayor pesca, y  Anais Godoy, pescó la lisa más larga, con 45 centímetros. Pero hubo una lisa que no fue ganadora, pero que emocionó el corazón, porque fue la que depositó el hijo de Lili, para que desde el cielo, un tarde de Charco más, ella estuviera presente.

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Y volvió a tocar la Banda de Agaete, para que se disfrutaran de los últimos momentos, con el corazón brincando, porque toca otro año de espera, para que en La Aldea, la vida sea en tres días.

 

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